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el mito del piso firme

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en el libro cultura arquitectónica de la modernidad mexicana, antología de textos 1922-1963, editado por enrique x. de anda y salvador lizárraga y publicado por el instituto de investigaciones estéticas de la unam, se incluyen varios textos de alfonso pallares, entre ellos uno publicado el 23 de abril de 1924 en el periódico exceslior titulado cómo habita el pueblo mexicano. pallares inicia así:

“es bien sabido que 80 por ciento de la población de la república es analfabeta, ¿qué proporción de habitantes de la misma habita en moradas dignas de hombres civilizados? vienen inmediatamente a la memoria los nombres jacal, choza, adobe, accesoria, cuarto de vecindad, suciedad, miseria… ¡miedo!”

como buena parte de la burguesía bien intencionada de finales del siglo 19 y principios del 20, en méxico y en el mundo, pallares veía con una mezcla de vergüenza, asco y disgusto los lugares en que habitaban los más pobres del país, y pensaba que transformar esos espacios sería causa y no efecto de la mejoría económica, pero también social y cultural, de aquéllos.

“mejorando las casas de las clases trabajadoras será posible remediar la miseria, tanto material como espiritual, que ha sido descrita –mediante una mejora radical de las condiciones de la vivienda– se elevará a gran parte de esas clases de la ciénaga de sus poco humanas condiciones de existencia hacia las alturas del bienestar material y espiritual.”

eso no lo escribió pallares sino el economista austriaco emil sax (1845-1927) en su libro las condiciones de la vivienda obrera y su reforma, publicado en 1869 y citado en 1887 por frederick engels en su texto la cuestión de la vivienda. para engels la postura de sax era ejemplo de la manera como la burguesía pretendía mejorar las condiciones de vida de la clase obrera sin cambiar las estructuras de producción capitalista. dicho de otra manera, para engels la condición de la vivienda no era causa sino efecto de la pobreza y la marginación.

lo más probable es que tanto sax como engels tuvieran razón y la vivienda sea a la vez causa y efecto de la marginación y la pobreza. volviendo al texto de pallares, éste insiste en equiparar el analfabetismo con los problemas de hacinamiento y mala calidad de la vivienda –es decir, de algún modo en culpar a los habitantes, o de menos hacerlos responsables por ignorantes, de las condiciones de sus habitaciones.

“tanto o más como infundir odio a no saber leer, escribir, contar –continúa pallares– , hay que imprimir odio a vivir, habitar en chozas de carrizo y barro, en jacales de adobe sin puertas ni ventanas, en accesorias hediondas, en casas desvencijadas y fétidas. en estos edificios de transición entre la época troglodita y la edad de la civilización y de la conciencia humana, todo es malo, muros que no protegen y que albergan toda clase de bichos, techos que no cubren y que también son la morada predilecta de las sabandijas, pisos que no se levantan ni se diferencian de la tierra, del lecho de los animales; promiscuidades de cosas y seres y sexos los más disímbolos, ausencia del agua que corre y se lleva consigo todo lo sucio, lo inmundo, lo que enferma, mancha, desasosiega.”

no dudo de las buenas intenciones de pallares. incluso aprecio su dureza que hoy sería tan políticamente incorrecta cuando describe su paso por un pueblo de guerrero:

“cruzamos un riachuelo insignificante y entramos en el pueblo. la visión superluminosa y ultramiserable de muchos, o de casi todos nuestros pueblos, aparecía ante nosotros agobiante. ¿para qué tanta claridad, tanto cielo azul, tanto sol? es algo así todo esto, como un microscopio fatídico que agranda y amplifica tremendamente la deformidad del microbio. en medio de tanta claridad aparece inmensa y desesperante la fealdad de nuestros indios, la inhospitabilidad primitiva y suciedad de las viviendas, la animalidad de su existencia.”

pallares insiste. habla de la “horrenda y agobiante luminosidad de cosas y seres feos” como de “la tragedia de la raza.” confía en que la casa civiliza y enaltece. que “méxico será verdaderamente un país de indiscutible valor cultural cuando todos sus habitantes sepan leer, escribir, contar y trabajar” pero también cuando sepan vivir y habitar en una casa, lo que significa “saber utilizar las diversas comodidades de la arquitectura y de la industria modernas.”

sin embargo, no dejo de advertir en su discurso un esquematismo estético que se traduce en reduccionismo económico trasvestido en búsqueda por el desarrollo y la igualdad. agua corriente, drenaje y luz para todos, sin duda. súmenle hoy acceso a internet y a los artilugios para usarlo. pero pensar que el adobe y el piso de tierra nos degradan y el piso firme, levantado y diferenciado de la tierra, nos salva y civiliza me parece excesivo e ingenuo. mucho más hoy que en 1924 y mucho más como tema de propaganda de gobierno y campañas.

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Written by ahgalvez

11/04/2012 a 15:04

Publicado en Uncategorized

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