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el lado b de mi otro blog

carriles para bicis

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los que usamos bici en la ciudad de méxico somos minoría, cierto. una minoría que se alborota fácil y hace ruido. pero los que usamos auto particular, comparados con el resto que se mueve de otra manera –transporte público, a pie y en bici– también somos minoría. una minoría más grande que la de los ciclistas y mucho más estorbosa y peligrosa.

los coches no están mal, el último siglo no se podría explicar sin ellos. desde cambios en los modos de producción o en el diseño de objetos y su mercadotecnia, hasta la transformación radical de la forma de la ciudad y del territorio, sin olvidar la estructura de la familia –llegó un momento en que transportar más de 5 personas en un auto sedán no era práctico: en coche la familia pequeña se mueve mejor. pero quienes manejamos sabemos también del efecto pernicioso que tienen esas máquinas sobre nosotros: realmente son ellas las que nos manejan. conducir un auto es una mezcla de sentimientos contradictorios: poder e impotencia. está la velocidad, la fuerza y, del otro lado, la imposibilidad de moverse, de estacionarse, de disfrutar el auto como quienes los manejan en anuncios o en road movies de los años 50.

saskia sassen dice que las condiciones actuales de una ciudad transforman al auto diseñado con la mejor ingeniería de punta en una carreta que no viaja a más de 20 kilómetros por hora. y eso molesta. habiéndola padecido, me parece que la impotencia y la frustración del automovilista se traduce en violencia directa contra el más débil. los conductores usamos el coche como un arma, lo lanzamos directamente contra perros y peatones, ciclistas y otros autos a la redonda. defendemos cada centímetro cuadrado del espacio que garantiza nuestra velocidad de crucero de 20 kilómetros por hora como un estado soberano defiende su territorio o una hiena los despojos de un animal. lo se porque yo así era: lanzaba mi coche a velocidades superiores de las permitidas, cambiando de carril sin advertirlo, no cediendo espacio y evitando frenar –creo que fue a lynn fainchtein a la que, hace muchos años, le oí calificar en el radio esa forma de manejar como huequear.

caminar, usar transporte público y bicicleta me han, literalmente, civilizado. no exagero. en los ángeles, a donde no había vuelto desde que era niño, vi cómo una ciudad que encontré dura, difícil e incivilizada por su dependencia del auto, de pronto, un domingo, ofrecía otra cara cuando varias calles eran cerradas y tomadas por ciclistas y peatones. hoy, la vejez o la cordura me hacen no exceder los 40 o 60 kilómetros de velocidad permitidos y sentirme, cuando llego a esos extremos, corredor de fórmula uno –será porque cada mañana, cuando paseo a mi perro más viejo en edad canina que yo, cruzar la calle que muchos toman de atajo a velocidades superiores a los 60 kilómetros es un riesgo o porque cuando viajo en bici me bato con automovilistas que consideran que la calle es suya por derecho divino.

ahora que los ciclistas hemos ido ganando terreno –de no más de un metro de ancho y rara vez resguardado– los automovilistas —esa oligarquía de la movilidad— hacen lo posible por conservar su monopolio del espacio público –porque no sólo ocupan las calles: se estacionan en banquetas y sobre pasos peatonales y más, mucho más. el reciente episodio del carril compartido entre autobuses y ciclistas en reforma es más que claro al respecto.

aunque útil, el carril parece que fue otra de esas ocurrencias de último minuto a las que nuestros gobernantes, de derechas o izquierdas, locales o federales, nos tienen tan acostumbrados. y no porque no haga falta ahí un carril confinado, al contrario. bien hecho pondría orden al transporte público –eufemismo para nombrar a una colección variopinta de autobuses y camioncitos en las que uno viaja cuando no tiene auto– y, de paso, conectar por reforma la zona de polanco con otras que ya tienen el privilegio de contar con infraestructura para bicis –mal hecha, pero ahí está–: la condesa, la roma, reforma desde la estela de luz hasta el caballito de sebastián y de ahí juárez hasta eje central. pero la manera de hacerlo y de anunciarlo provocó que los automovilistas –unos cuantos, de hecho, amplificados y multiplicados por algunos medios de “comunicación” que decidieron aliarse en esa batalla, como acostumbran, con la minoría que detenta el poder (en este caso vial)– se manifestaran con fuerza en contra.

hoy el carril desapareció. que porque lo van a reestructurar, dice el universal. si así es, si en una semana lo reinstalan y mejorado, bien –aunque habrá que preguntarse quién en el gobierno del distrito federal es el responsable de la mala planeación y diseño y pésima estrategia de comunicación y educación que causaron el conflicto. porque viene más. aunque sabemos que división del norte es una buena calle para una ciclovía –yo lo se, al menos, porque es la que habitualmente uso, sea en bici o en auto–, se habrán hecho los estudios pertinentes para una buena ciclopista –y no hablo ni de calidad del pavimento, la señalización o balizamiento, sino del principio: la viabilidad y operación y la manera de hacer que la nueva vía sea respetada. esperemos que sí.

en fin, que por momentos parece que la administración de marcelo ebrard, que parecía buscar hacer de esta ciudad una buena ciudad bicicletera, a veces lo logra en el peor sentido, peyorativo y equívoco, de ese término.

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Written by ahgalvez

22/11/2012 a 16:29

Publicado en Uncategorized

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