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operación maestra

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hoy leí dos columnas, la de jorge castañeda y la de leo zuckermann, en las que el comportamiento de la maestra, elba ester gordillo, hoy acusada de haber desviado millones de pesos de los fondos del sindicato que dirigía, se explica como hubris —hybirs, si asumimos que la griega no era i, sino u. hubris pura y dura, escribe zuckermann. hubris —“mal traducido como soberbia”, escribe castañeda— era un sentimiento de superioridad que no excluía, al contrario, la humillación y la violencia hacia el otro, incluso violencia sexual.

castañeda y zuckermann quieren decir que la maestra —”gran dirigente sindical”, agrega castañeda— perdió el contacto con la realidad y, pagada de sí, hizo las cosas que ahora el ministerio público califica como delitos: comprar ropa y accesorios con un costo de millones de dólares con dinero ajeno, por ejemplo.

y sí, como estudio sicológico del personaje, exaltado así, si no a alturas de menos a bajezas cuasi mitológicas, el argumento de la hubris puede servir. pero supongo que no basta. y no basta porque la gordillo no es un hecho aislado. no es la única ni la primera lider sindical que usa dinero que no le pertenece para darse lujos que ninguno de los trabajadores que se supone representa podría alcanzar. es más, el juicio popular presume que no hay líder sindical que no cometa los mismos abusos. parafraseando al profesor, podríamos decir que un líder pobre es un pobre líder. así, la hubris de la gordillo no es una excepción sino la condición general del liderazgo en méxico.

y si la gordillo no es un caso aislado entre sus pares —otros líderes sindicales u otros políticos— tampoco es, pienso, una excepción entre sus representados. supongo que entre el millón y pico de maestros afiliados al snte hay de todo, incluyendo quienes se hayan opuesto, abierta o tácitamente, a los abusos de su representante. pero lo cierto es que todos, o casi, se beneficiaron del trabajo de la gordillo —tal vez por eso castañeda la califique de “gran dirigente sindical”. como cualquier líder sindical en méxico, el papel de la gordillo era negociar: no sólo luchar por los derechos de los maestros sino negociar simple y llanamente beneficios —algunos inexplicables— siempre a cambio de algo. pensar que la gordillo es un monstruo abominable que mantenía sometidos a más de un millón de maestros, obligándolos a cobrar sin trabajar, a trabajar sin estar preparados o a heredar sus puestos, mientras secretamente se gastaba sus ahorros, puede ser divertido pero resulta ingenuo. la maestra se daba esa vida a cambio de lo que negociaba para sus maestros, y el gobierno —por ejemplo, el de calderón— le permitía esa vida y le concedía privilegios para su sector en un sistema innegable de intercambio de favores.

la red de complicidades rebasa al sindicato de maestros y a los gobernantes en turno. nos enreda a todos. si no es esa red habrá otra: la del sindicato petrolero, o el de trabajadores al servicio del estado. y si no es un sindicato será un club, una camarilla, o un grupo anónimo y amorfo, pero amplio: el de quienes no pagan impuestos, o quienes no aseguran a sus empleados, o quienes se pasan el alto. y más, mucho más.

sea pues, la maestra fue víctima de la hubris. que eso nos sirva para ampliar nuestra cultura clásica. pero ahí no se acaba la explicación: no fue sólo eso. es algo más amplio, algo más sucio y mucho más peligroso que la hubris de uno o varios individuos, y es algo que nos toca a todos. se llama podredumbre.

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Written by ahgalvez

28/02/2013 a 20:53

Publicado en Uncategorized

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