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el lado b de mi otro blog

la transubstanciación de los libros

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hay libros que cuentan cómo el agua se convirtió en vino, las personas en estatuas de sal, los hombres prendados de su reflejo en flores, o cómo un hombre cualquiera amanece convertido en un horrible insecto. a mi, hace unas semanas, me sucedió algo menos sorprendente pero que no había leído antes en ningún libro: algunos de mis libros se convirtieron en otra cosa. no se precisamente en qué, pero si en algo distinto a libros, al menos nominalmente.

desde hace más de quince años compro libros en amazon. como a muchos otros, pueden culparme de que las librerías como antes las entendíamos vayan poco a poco desapareciendo. pero hay que admitirlo: amazon es un buen librero. al principio pedía mis libros a un apartado postal que renté sólo con ese fin. luego, años después, los pedía por correo a mi casa. casi siempre llegaban pero a veces el envío desaparecía. reclamar aquí en el servicio postal era impensable y aunque los de amazon siempre tuvieron la amabilidad de reponer cualquier envío extraviado, mandándolo por mensajería y sin cargos extra, hubo un momento en que decidí pedir mis libros de ese modo. casi siempre los libros me los entrega, de nuevo a la puerta de mi casa, dhl. sin ningún costo extra además del envío, que pago directamente en el sitio de amazon.

pero hace unos días me llegó un envío con cinco o seis libros y un recibo —que al pie advierte no ser válido para efectos fiscales. me cobraban 220 pesos (iva incluido) por desconsolidar el paquete que me envió amazón —término usado, ahora se, para sacar los libros o cualquier otra mercancía de la aduana. pero además me cobraron 255.97 pesos de iva. se que cuando compro algún libro en una librería en la ciudad de méxico o en cualquier lugar del país, sea nacional o importado, no pago iva: los libros, como los alimentos y las medicinas, están exentos. así que como el documento que me dejó dhl como comprobante del pago dice también al calce que mi envío estaba “sujeto a impuestos y requerimientos según la legislación aplicable,” envié un correo electrónico al departamento de quejas de dhl —no intenten por teléfono: el laberíntico menú grabado puede desesperar al más paciente. como la respuesta tardaba en llegar hice lo que cualquier energúmeno posmoderno haría: acosé vía tuiter. llegó la respuesta y me explicaron que el impuesto se ajustaba a lo previsto en la ley de aduana y que el sólo los libros impresos por el contribuyente no causaban iva —así dice la ley del iva. respondí que no me dejaba satisfecho la explicación. argumenté que al no generar iva los libros impresos “por el contribuyente” ese impuesto no se podía trasladar al consumidor final y que la ley de importaciones dice que los libros están exentos de impuestos. no hubo respuesta por varios días hasta que volví a presionar vía tuiter. entonces me llamó un asesor, amable como ninguno. se disculpó de no tener ni maestrías ni doctorados —yo tampoco los tengo pero se que cuando compro libros no me cobran el iva— y me dio una nueva explicación.

un reglamento permite a los importadores y empresas de mensajería agrupar distintos  pedimentos —palabra muy fea que se refiere a los paquetes en que viene lo que uno compra— en un conjunto y, entonces, cobrar un iva general. no importa que yo hubiera comprado libros, éstos fueron considerados por peso o volumen, me dijo, y sobre el costo manifestado en el envío se me cobró el inexistente impuesto. cuando alegué que era la primera vez que eso me pasaba me dijo, ingenuo, que probablemente en otros casos amazon había pagado los impuestos por mi —¡el amable jeff bezos me anda subsidiando! insistí: no me importa pagar la desconsolidación de mis libros, pero me rehuso a pagar por su transubstanciación en otro tipo de materia que causa impuesto, más cuando eso parece decidirlo alguien —”no lo hace dhl,” me dijo, “sino el encargado del trámite aduanal”— sin atribuciones legales para hacerlo.

así, si le he entendido bien a mi asesor de dhl, como en cuento de arreola, de borges o de kafka, al comprar libros en el extranjero uno entra en una lotería y no sólo por saber si llegarán o no: uno debe además estar preparado para pagar un impuesto inexistente si, por un momento solamente, esos libros cambian sus atributos —y las implicaciones fiscales que les acompañan— por los de alguna otra materia.

por suerte, ya que abrí el paquete, mis libros habían vuelto a serlo. tienen cubierta, lomo y hojas impresas con textos y fotografías. aunque pagué el iva que no generan no se convirtieron, al menos no de manera permanente, en ropa, zapatos o vajillas. sin embargo no los he guardado aun en mi librero. los vigilo. temo que su cambio formal o material pueda repetirse y, peor, que contagien a otros libros en mi casa.

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Written by ahgalvez

02/12/2013 a 17:20

Publicado en Uncategorized

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