OTRO [MÁS]

el lado b de mi otro blog

analizando la margarita

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ayer en el periódico reforma, guadalupe loaeza publicó un texto titulado deshojando la margarita. “«me quiere mucho, poquito o nada», decimos cuando deshojamos la margarita para descubrir los sentimientos de nuestra pareja. utilizando una fórmula similar, enrique y yo nos hemos dado a la tarea de responder 7 preguntas de 15, que en principio hubieran hecho a los vecinos de la delegación cuauhtémoc (publicadas en reforma el 2 de septiembre), respecto al proyecto mejor conocido como el corredor cultural chapultepec. ahora sabemos que la consulta será nada más de cinco y que se realizará el domingo 27 de septiembre.”

me parece que las respuestas que da a esas preguntas nos pueden servir para entender lo engañoso del planteamiento de la consulta y la poca o, de hecho, mala información que el gobierno del distrito federal difunde al respecto. veamos:

1. ¿qué mejoras te parecen más importantes en avenida chapultepec? guadalupe loaeza responde primero lo que es obvio y la mayoría secundamos: las banquetas y luego iluminación. dice también que “fuera  de la casa lamm y algunos otros espacios privados,” no tiene “noticia de espacios públicos que promuevan la cultura con regularidad.” lo cual resulta curioso pues entre galerías, librerías, foros y la actividad cultural en la misma calle —definan cultura, pues— está zona está todo menos desprovista de equipamiento para esos fines —sólo recuerden lo que pasa durante el corredor cultural roma-condesa. un mapeo sería mucho más efectivo y revelador que cualquier opinión.

2. ¿actualmente te sientes seguro al cruzar caminando por avenida chapultepec? guadalupe loaeza responde no, como supongo lo haríamos la mayoría. Pero para mejorar las condiciones de cruce en avenida chapultepec es evidente que no hace falta un segundo piso que nos lleve de oriente a poniente —la misma dirección de la calle— sino buenas banquetas y buenos pasos peatonales, menos carriles para autos y buena señalización, que le permitan a los peatones cruzar transversalmente la avenida, atravesarla, pues, no pasearse seis metros arriba del suelo de una estación de metro a otra tras haber subido más de 80 metros en una rampa.

3. ¿te parece que el espacio actual del camellón de chapultepec es suficiente para transitar y además realizar actividades sociales, culturales o recreativas? la respuesta de guadalupe loaeza es de nuevo no: no hay espacio. pero es otro ejemplo de una pregunta mal planteada, engañosa: ¿por qué el camellón debiera ser más grande y qué son “actividades culturales o recreativas”? ¿bailar danzón y jugar futbol? la solución obvia —que es la que a PROCDMX, su socio inversionista y sus arquitectos no les conviene mostrar claramente— es ¡ampliar las banquetas! con buenas banquetas mejorarían las condiciones de todos los predios con frente a la avenida chapultepec y se podrían dar actividades tan culturales y recreativas como en muchas otras ciudades del mundo: caminar, sentarse en un prado bajo un árbol o en una terraza, pasear con los niños y las mascotas —sobre eso léase lo que escribió julio trujillo. para nada de eso —lo demuestran prácticamente la totalidad de las buenas calles del mundo, hace falta un nivel extra, a seis o siete metros de altura.

4. ¿has asistido a los módulos informativos, recibido información por algún medio o participado en asambleas informativas relacionadas con este proyecto o has visitado la página de internet del ccch www.ccchapultepec.mx encontrando la información que buscas? guadalupe loaeza responde otra vez no: “nadie nos ha avisado, ni notificado, ni invitado a ninguna de las reuniones.” ése es uno de los problemas mayores de la consulta ideada por PROCDMX. sin información suficiente y clara, ¿de qué vale preguntar? simón levy ha dicho que se presentarán a la ciudadanía dos opciones: a nivel y el paseo del centro comercial elevado, pero las imágenes que ha mostrado de la primera opción son decepcionantes. no porque esa no sea la solución óptima —al contrario—, sino porque sus arquitectos parecen haber dedicado muy poco tiempo a estudiar cómo se dibuja bien una banqueta y menos a hacerlo. es, de nuevo, una comparación engañosa.

5. ¿desde que tú vives en esta zona, ha tenido cambios? la respuesta de guadalupe loaeza es de nuevo curiosa, pues afirma que desde que se cambiaron “a la colonia roma, hace once años, han caído muchas casas para construir edificios que albergarán mucha más gente que la que había sin mejorar los servicios.” la respuesta es más general que lo que supondría pensar solamente en avenida chapultepec, lo que implica que quizás sea ambigua. pero además deja ver que, ya que no se han mejorado los servicios, el abandono de esa zona —como de muchas otras de la ciudad— es ya una mala costumbre del gobierno del distrito federal.

¿la solución es concesionar el espacio público para que el mantenimiento lo proporcione algún inversionista privado y el gobierno no gaste los impuestos que pagamos en aquello que, parece, debería gastarlos?

6. guadalupe loaeza dice que “las condiciones de seguridad y espacios públicos de las zonas aledañas a avenida chapultepec son malas,” y peores en la zona rosa y la glorieta del metro insurgentes. esto es verdad, pero a medias: sí, la avenida chapultepec y esas zonas han padecido el abandono y la negligencia de gobiernos que hoy, para enmendar su irresponsabilidad, no encuentran mejor opción que encargarle el mantenimiento del espacio público a un particular a cambio de que ahí haga un muy buen negocio. pero la inseguridad habría que valorarla y analizarla a la luz de datos y no de prejuicios. alexis cherem y josé merino lo hicieron y no resulta evidente que esa zona sea la más violenta de la ciudad. tampoco es ni sodoma ni gomorra. la calidad del espacio público, físicamente, sí, es deplorable; en cuanto a intensidad de uso al contrario. nada de eso justifica ni el modelo de inversión ni el proyecto planteado.

7. de ahí la séptima pregunta: ¿está de acuerdo con transformar la avenida chapultepec? ¿la calle completa con un corredor elevado o sólo con parque a nivel de piso? la respuesta de guadalupe loaeza es doble: estoy de acuerdo en transformar la avenida chapultepec —con lo que me parece la gran mayoría hemos coincidido— “y que sea con un corredor elevado,” aunque apunta a los cuestionamientos que ha hecho brian nissen.

como ya se vio, ninguna de las preguntas de la consulta implica que sea necesario construir un segundo piso de espacio comercial —eso es— y la respuesta se vuelve un tema de mero gusto. el título del artículo de guadalupe loaeza por eso resulta revelador: deshojando la margarita para ver si sí, si no o si tal vez.

hasta ahora no he encontrado de parte de quienes proponen y defienden el centro comercial elevado a media calle sobre la avenida chapultepec nada que no se base en prejuicios, gustos o argumentos circulares. el más claro de estos últimos es que la inversión privada es necesaria para construir algo que hace falta para que la inversión sea rentable, pues no hay ningún otro motivo, ni urbano ni de movilidad, ni cultural o social, que justifique lo que se propone.

los peros, en cambio, son muchos y me parece que más razonados. por ejemplo, es falso que la ciudad no invierta en este proyecto: pone lo más valioso, el terreno mismo, que supera los 100 mil metros cuadrados y al costo de los terrenos de esa zona duplicaría la inversión hecha por los constructores del mall. a cambio, la ganancia es mínima: 360 millones de pesos durante 40 años cuando el inversionista ganará al menos 15 veces eso. que el armatoste construido sea una ganancia no es tampoco seguro, pues de nuevo no se justifica su necesidad ni sus beneficios para la ciudad de ninguna otra manera. que nos ahorremos impuestos es falso: ¿ya le dijeron de cuánto será el descuento en su predial a cambio de ceder, como coinversor, parte de su patrimonio —la calle, pública— a un negocio privado?

el paseo elevado, si multiplicara espacio público, lo hace donde no se necesita: arriba de una calle. habrá que subir más de seis metros —rampas de más de 80 metros de largo— para llegar a un lugar que no es, por lo mismo, accesible. tampoco es incluyente, al contrario. cuando ante el consejo consultivo del ccch argumenté que no es incluyente un espacio donde un par de cafés cuestan lo que el salario diario de la mayor parte de la población de la ciudad, algún consejero dijo que no se había entendido que “no se cobrará por entrar”. me queda claro que algunos consejeros, así como los funcionarios que proponen esto, debieran leer estudios, que abundan, de sociólogos y antropólogos urbanos estudiando cómo un espacio de consumo excluye inevitablemente a muchos quienes no tienen los medios para hacerlo, aunque no les cobren por entrar. sin leer nada, sentarse media hora en antara y analizar el perfil socioeconómico de los paseantes bastaría para confirmar esos estudios.

finalmente lo más grave es que eso no hace falta: una vez arregladas las banquetas, reducidos los carriles de circulación para autos, construidas ciclovías y sembrados árboles —que, según parece, es también parte del plan: la más útil y la menos costosa— ya no hace falta construir el paseo elevado, excepto si el objetivo principal es hacer un buen negocio para unos cuantos.

la decisión, pues, no depende de lo que nos sugiera la última hoja de la margarita; tampoco resulta lógico ni prudente plantearlo en una consulta apresurada y con preguntas tendenciosas. es responsabilidad de los funcionarios públicos —procdmx— plantear todas las alternativas en iguales condiciones, explicar los pros y los contras de ambas soluciones —es impensable que no “encuentren” válida ninguna objeción al corredor elevado— y es responsabilidad de los ciudadanos que participan en el consejo consultivo hacer que este proceso sea claro y con la transparencia que antes no tuvo todo este proceso —entre otras razones que ha analizado rodrigo díaz..

la solución está a la vista de todos, se ha hecho en muchas ciudades, incluyendo la de México: como en Times Square, hacer una prueba de mejores espacios para los peatones con elementos simples: pintura, mobiliario, plantas, mostrarle a los ciudadanos que es posible hacer más con menos y extender los beneficios de una intervención en avenida chapultepec a más kilómetros, con ganancias para todos y no sólo para unos pocos inversionistas. si el gobierno del distrito federal y los miembros del consejo consultivo se toman esta tarea en serio y sus intereses son los de la mayoría de la población, sabrán que debe darse el tiempo para informar, valorar y probar y luego, las cosas bien pensadas, decidir sin necesidad de deshojar margaritas.

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Written by ahgalvez

11/09/2015 at 11:08

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firmar o no firmar

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imaginen un cruce de calles donde los automovilistas se pasan el alto constantemente arriesgando a los peatones que lo atraviesan —algo fácil de imaginar en la ciudad de méxico. imaginen un grupo de vecinos automovilistas de la zona que proponen un acuerdo: ninguno se pasará ese alto. e imaginen que algunos dijeran: de acuerdo, pero hay excepciones: si al pasarnos el alto ayudamos a que la circulación vaya más rápido y lo hacemos con cuidado… ahora imaginen que en ese crucero no hay ni semáforo ni paso peatonal pintado ni ningún tipo de señal —de nuevo, cosa común en la ciudad de méxico. y un grupo de vecinos que dijera: pidamos que pongan un semáforo para los autos, otro para los peatones y que pinten el paso peatonal, pero en lo que lo hacen, actuemos como si ya estuvieran y respetemos el alto en la esquina. ahora imaginen a otro grupo de automovilistas que dijera: no, eso no está bien: si no hay semáforo no hay semáforo y cada quién puede decidir si se pasa o no; además lo hacemos siempre con precaución y con el único objetivo de beneficiar al prójimo acelerando el tránsito; nosotros somos expertos conductores y sabemos qué le conviene a todos.

ya se: mi analogía cojea por muchos lados en relación a la obra pública, las asignaciones directas y la manera de actuar al respecto de muchos arquitectos. pero ayuda.

hace tres semanas publiqué en el blog de proyecto público un texto titulado el otro lado de la democracia. básicamente retomaba una propuesta de mario ballesteros que víctor alcérreca había hecho suya: si los arquitectos nos quejamos de la manera como se planean y asignan los proyectos de obra pública y luego del modo como se construyen, hay, por supuesto —como ya se está haciendo— que buscar que las leyes al respecto cambien, que sean claras y que favorezcan procesos transparentes y la óptima rendición de cuentas. en lo que eso pasa, sugerían víctor y mario, ¿por qué no comenzamos por firmar un manifiesto donde nítidamente cada uno de nosotros se comprometa a no ser parte de proyectos públicos que no nazcan de buenas prácticas democráticas?

pareciera que la propuesta es clara: no aceptar tomar parte de proyectos de obra pública que no hayan sido planeados, gestionados y asignados mediante buenas prácticas democráticas. como la propuesta no tuvo mucho eco al principio en tuiter ni al escribir aquél texto, supuse que la causa era la dificultad de manifestar el compromiso con una simple firma. así, abrí una petición en change.orgmás que una petición —en principio no se le entregaría realmente a ningún funcionario— era lo que dice: un compromiso que se pudo haber redactado de manera sucinta diciendo: yo —y ahí la firma— me comprometo a no ser parte de proyectos de obra pública, arquitectónica o urbanística, que no nazca de buenas prácticas democráticas. claro, surge la duda de cuáles son las buenas prácticas democráticas. a mi parecer, aquellas en las que no hay dudas sobre la transparencia de las decisiones ni conflictos de interés y que se ajustan a una estricta rendición de cuentas. ¿es así?

en otro texto publicado en el blog de proyecto público con el título porque sícité un par de ensayos de norberto bobbio. en el primero, democracia y secreto, bobbio dice que “la democracia es idealmente el gobierno de un poder visible, es decir, el gobierno cuyos actos se realizan ante el público y bajo la supervisión de la opinión pública.” luego explica que contra ese principio se ejerce un poder invisible. desde afuera pero también desde dentro del gobierno, cuando se toman decisiones que benefician a particulares de manera ilícita y se mantiene la opacidad en el ejercicio del poder —lo que es, según bobbio, una negación de la democracia. en el otro ensayo, bobbio cita a kant afirmando que la injusticia de aquellas acciones que para lograrse deben mantenerse en secreto. ahí también cita a francesco guicciardini, historiador y político del siglo XV: “es increíble cuánto le beneficia a aquel que administra el que las cosas permanezcan en secreto.”

bajo esa idea, acaso simple, de buena práctica democrática, asumo que de cualquier proyecto público —de una banqueta a un aeropuerto, por ejemplo— un funcionario del gobierno debe tener la capacidad y, además, la obligación de explicar, clara y objetivamente, por qué se hizo de tal o cual manera y por qué se escogió y bajo qué criterios o procedimientos a tal o cual especialista —arquitecto, diseñador, urbanista— para realizarlo, además de poder explicar todas las decisiones técnicas que garantizan que ese proyecto es el mejor posible, en términos de eficiencia, economía, pertinencia y utilidad. si le preguntamos al presidente municipal o al delegado por qué ese proyecto hecho por tal arquitecto y de aquella manera, debe ser capaz de explicarlo con claridad y datos técnicos —y quien piense que no hay datos técnicos para explicar por qué un proyecto se hace de una manera y por cierta persona o tiene un concepto muy reducido de lo técnica o uno muy vago del proyecto.. o ambos.

¿cuántos han firmado la petición? hasta ahora 435 personas, incluyendo algunos arquitectos reconocidos. faltan más, por supuesto y faltan muchos nombres de arquitectos que sabemos han hecho o hacen ahora mismo proyectos para el gobierno. ¿por qué?

entre los comentarios que me han hecho al respecto me dicen que “esa no es la manera”, que es “demasiado radical”, que “así se divide al gremio” —curiosa idea de un par de docenas de arquitectos: pensar que se divide al gremio pidiendo que el gremio tome una actitud de bloque— y que para qué firmar si, al aceptar una comisión directa de un funcionario público, actualmente, no se viola ninguna ley —a lo que he tenido, para mi sorpresa, que responder explicando cómo una licitación arreglada, en la que se pide a un par de amigos presupuestos más altos al propio, cual se arreglan la mayor parte de estas asignaciones, es, técnicamente, un fraude. también hay quienes no firman por estar trabajando actualmente para el gobierno.

pese a la honestidad de la última postura, sorprende la tácita aceptación de la ausencia de buenas prácticas democráticas en ese tipo de encargos pues, si se tuviera la convicción de que, más allá de los vericuetos para aparentar legalidad, hay claridad, transparencia y no se incurre en ningún conflicto de interés, ¿por qué no firmar?

si suponemos que, por ejemplo, pretender arreglar en cenas privadas el posible futuro de la vivienda social, gracias a la colaboración entre funcionarios del gobierno, arquitectos y desarrolladores inmobiliarios, es un ejercicio de la máxima pulcritud democrática, transparente y sin visos de ningún tipo de conflicto de intereses, ¿por qué no firmar? —¿y por qué no hacer públicos los procesos mediante los cuáles se toman ciertas decisiones? ¿por qué, en fin, privilegiar el secreto, que tanto beneficia a quien administra?

se que en muchos esta actitud nace de una creíble buena fe: la confianza en que uno sabe y puede aportar lo que hace falta para que la sociedad, en ciertos aspectos, mejore. pero también hay buena fe del lado de quienes hemos firmado el compromiso de no aceptar proyectos de obra pública que no surjan de prácticas y métodos democráticos y pensaría que la primera “buena fe” se confunde con algo de ingenuidad —como si no supiéramos que esos métodos y el secreto que implican perjudican más de lo que benefician— y otro tanto de soberbia. muchos de quienes reciben estos encargos suponen que han sido llamados por sus probados méritos pero, curiosamente, renuncian a probarlos de otra manera —un concurso, digamos—, más allá de la envidiable habilidad para socializar con el funcionario en turno.

tampoco creo que no firmar sea resultado de una actitud pragmática: eso no es pragmatismo, o al menos no uno que suscribirían ni james ni rorty: uno que dialoga y discute la cosa pública… en público.

¿firmar o no firmar? como hasta ahora, cada uno decide. me sorprende —me molesta, incluso— la política del silencio que envuelve la decisión de no hacerlo. ¿por qué, si no se firma, no hacer públicos los motivos, no invitar a la discusión? ¿por qué no pedirle a tal o cual funcionario que explique, claramente y sin rodeos, por qué y cómo ha decidido contratar a tal o cual arquitecto, con qué mecanismos, con qué reglas, con qué beneficios para todos y cada uno?

¿firmar o no firmar? yo —que parece soy como un fundamentalista de la arquitectura— diría: firmar y, si no, de menos explicar por qué no hacerlo (el blog de proyecto público está abierto para dialogar y debatir)

termino con algunas líneas de un texto que publicó hoy jesús silva herzog márquez en el periódico reformael camino del cínico: 

El camino del cínico corroe, en efecto, la política. El cínico afirma que no depende de nadie. (…) El cinismo es la indiferencia radical al juicio de los otros. (…) El ideal es actuar públicamente sin el estorbo del honor. Hacer lo condenable sin remordimiento alguno; hacerlo pública y reiteradamente, sin asomo de rubor.

Vivimos ahí, en el paraíso de los cínicos. Lo que piensen de nosotros nos tiene absolutamente sin cuidado, nos dice, de muchas maneras, la clase política que actúa, en esto, con una sola voluntad de burla. Sus recatos no son los nuestros, nos dicen al encubrirse. Los actores políticos se sorprenden de la indignación que provocan pero están seguros de que el enfado es un reflejo pasajero que se desvanecerá muy pronto. Protegidos por las reglas, seguros por un régimen que los consiente, cobijados por una prensa que cuestiona poco, creen que es innecesaria, incluso, la apariencia de decoro.

(…)Nuestra política sigue el camino del cínico. Se ha desprendido de cualquier ambición de respetabilidad. (…) Como si el juicio colectivo fuera irrelevante, como si la indignación careciera de efectos. Como si el prestigio fuera un adorno inservible. Buscar la restauración de la confianza en este contexto es simplemente absurdo.

evitemos el camino del cínico…

Written by ahgalvez

23/02/2015 at 22:50

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para que no pase de nuevo

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la generación perdida

hace tiempo escribí aquí algo con ese mismo título. tenía que ver con la sensación de que mi generación, la misma de peña y mancera, fue —porque ese era el tema: ya fuimos— en términos del cambio y de la transición, una que perdió su fuerza y su sentido. hace unos días, comentaba con derek dellekamp —buen arquitecto, buen amigo, de buen carácter y nada pesimista, al contrario mío— la noticia publicada el viernes 19 de diciembre por el universal. la nota trataba sobre algunos de los proyectos encargados el sexenio pasado por consuelo saizar, entonces presidenta del consejo nacional para la cultura y las artes y sobre la supuesta decisión de la secretaría de la función pública de responsabilizar por el estado de esas obras directamente a los arquitectos o, más que responsabilizar, culpar: habrá, según se reportaba, quienes deban pagar por daños y vicios ocultos y otros que no podrán cobrar sus contratos. tanto derek como yo conocemos y somos amigos de varios de esos arquitectos y pertenecemos a su generación: los que tenemos entre los 40 y los 50 o tal vez 55 años. entre todo lo que comentamos me llamó la atención una afirmación de derek: en términos de arquitectura pública, somos una generación perdida.

es cierto. si se hiciera un resumen —muy breve y nada preciso, sin duda— de las obras de arquitectura pública en el país desde finales de la revolución hasta nuestros días, hablaríamos de la secretaría de salud y el hospital de tuberculosos, de los años veinte, de las escuelas y mercados de los años treinta, que cierran con la transformación de parte de la estructura del porfiriano palacio de justicia en monumento a la revolución, los cuarenta preparan los años cincuenta con ciudad universitaria o el centro urbano miguel alemán o los aeropuertos de la ciudad de méxico y de acapulco o la merced y muchos más mercados en la ciudad de méxico y hospitales y las unidades habitacionales y los teatros del seguro social. en los sesentas basta nombrar los museos de antropología y de arte moderno o tlatelolco —unidad habitacional y secretaría de relaciones exteriores juntas— para darse una idea. en los años setenta y ochenta los multifamiliares del infonavit y el edificio infonavit mismo para rematar en los noventa con el centro nacional de las artes. todo eso cierra, tal vez, con la biblioteca josé vasconcelos de fox: un arca que ya presagiaba un diluvio. para el gobierno de calderón —cuando la generación de la que hablo andaba entre los treinta y tantos y los cuarenta y tantos— la historia cambió radicalmente. si la estela de luz es una vela no es de cumpleaños sino fúnebre; más bien una lápida.

aunque tras la salida del pri de los pinos vinieron varios concursos —el primero, si recuerdo bien, para el zócalo de la ciudad de méxico, convocado por el gobierno de cuauhtémoc cárdenas antes incluso del triunfo de fox— el resultado no es para nada alentador. algo hicimos mal, como sociedad y como gremio, que no resultó en un cambio positivo sustancial en la manera como se hacía arquitectura en lo que hoy, desgraciadamente, debemos calificar como primera época del pri. en un texto sobre la arquitectura pública de los dos sexenios panistas terminaba escribiendo: “si ya estos 12 años sólo dejaron algunos buenos edificios y poco para la arquitectura tanto como disciplina como en tanto hecho cultural, hagamos algo para que el despertar del dinosaurio no nos amenace con más de lo mismo.” ¿qué hemos hecho?

el silencio de los inocentes

si la nota del periódico sobre la resolución de la secretaría de la función pública es correcta, estamos ante un hecho inédito: no sólo se responsabiliza, se culpa a los arquitectos de lo que quedó mal, a medias o sin terminar. rafael tovar de teresa, actual presidente del cnca, parece asumir esa resolución que, además de confusa, resulta tardía: ¿hacían falta dos años para darse cuenta de algo que era evidente desde antes de que ocuparan el cargo? eso, en vez de buscar a los responsables directos donde están: entre los funcionarios de la administración pasada y principalmente en la persona que antes ocupó su cargo: consuelo saizar. por supuesto, no todo el desastre de la arquitectura pública en el país durante el gobierno de calderón es responsabilidad de saizar, pero es un muy buen ejemplo —por lo malo— de lo que no debió haber pasado. aunque durante su gestión muchos se excedieron en elogios gratuitos, su trabajo realmente fue consuelo de pocosobras que no fueron planeadas sino resultado de la ocurrencia y el gusto personal; cuyos proyectos no fueron concursados sino asignados mediante vericuetos conceptuales para aparentar legalidad: se asignó como si se comprara una obra de arte; y se construyó con prisas y sin seguir las indicaciones de proyectos que se resolvían al tiempo que se erigía la obra, enfrentando cambios constantes, de nuevo, resultado de la poca planeación y de asumir que el gusto de una funcionaria era determinante.

los arquitectos que trabajaron bajo estas condiciones —que en muchas sobremesas algunos criticamos— terminaron atrapados en una situación de menos confusa. tras el autoritarismo y la corrupción que caracterizaron a los regímenes priistas, los del pan —y los del prd donde les tocó gobernar— no supieron construir nuevos modelos para la obra pública. la corrupción no disminuyó y el autoritarismo se diluyó, dando como resultado que con métodos similares —un presidente quiere algo, un secretario o ministro organiza todo, el arquitecto elegido por el poder lo resuelve— ya no se construyeron museos de antropología. no tenemos la distancia histórica para evaluar críticamente, pero dudo que en 50 años, los que este año celebró el museo de ramírez vázquez, veamos a cualquiera de las obras del gobierno de calderón y de la gestión de saizar del mismo modo que a ese museo. se podrá argumentar que muchas cosas han cambiado, que incluso en otros países sucede lo mismo, que tras las grandes obras de mitterrand en francia, por ejemplo, ya no ha habido nada de esa envergadura. podríamos incluso decir que ni siquiera es deseable regresar a ese tipo de arquitectura. pero si así lo pensamos, lo cierto es que eso no fue lo que dijimos como generación. ante los falsos cambios guardamos silencio.

el final de la inocencia

no es difícil convencerme de lo que afirmó derek: en cuanto a arquitectura pública, somos una generación perdida. las razones son múltiples. lo público en sí —en sus muchas acepciones— se ha desmantelado. el deterioro de nuestra sociedad no está exento de ser tanto causa como efecto de ese desprecio por lo público. nada nos hace suponer que las cosas vayan a cambiar con el encore priista de peña, al contrario: concursos nada transparentes como el del nuevo aeropuerto de la ciudad de méxico y los escándalos jamás aclarados sobre conflictos de interés que implican a funcionarios de tan alto nivel como el secretario de hacienda o el mismo presidente, hacen suponer que la transparencia y la rendición de cuentas en general y en particular en lo que se refiere a la obra pública siguen siendo una tarea pendiente.

si nuestra generación actuó —asumo que con buenas intenciones aunque con ingenuidad— pensando que las cosas habían cambiado, hoy sabemos que no cambiaron o no lo suficiente. la generación que sigue —los que están entre los 30 y los 40— deberán enfrentarse a esas condiciones e intentar, ellos sí, cambiarlas abierta y radicalmente. hacer como que las cosas cambian no basta, ya lo vimos. les podemos dar algunos consejos, eso sí.

no confíen en las buenas intenciones de ningún gobernante: aunque sea una banqueta el funcionario emprende una obra o bien para ganar aceptación o para ganar dinero o ambas: entre menos poder y responsabilidad tenga el arquitecto más les conviene.

no hagan obra pública que parezca improvisada. eso en este país casi equivale a decir no hagan nada, pero mejor si no hacen nada a pensar que ustedes si podrán hacer un buen proyecto y construirlo a la perfección en 19 meses —eso le llevó a ramírez vázquez hacer antropología, pero no hay que pecar de ingenuos: la realidad demuestra que no, no se puede.

lo más importante: no se callen. no esperen a que las cosas “se resuelvan”, a que tras la inauguración la constructora cambie aquél detalle que no quedó bien. no lo harán. el funcionario estará contento con que se inaugure a tiempo y cuando la prensa describa los errores ya estará en otra oficina, confiando en que quien ocupó su puesto cubrirá sus fallas: es el acuerdo tácito principal del gremio de los políticos.

por supuesto si ustedes no lo hacen habrá quien lo haga. ya hay alguien que comió o cenó ayer con un presidente municipal ofreciéndole un proyecto o pidiéndole a su tío una cita con el secretario. tampoco callen en ese caso. como escribió hace poco eduardo cavadal, los arquitectos —los de mi generación y las anteriores, al menos— tenemos la muy mala costumbre de rechazar las esculturas de sebastian pero callar cuando un colega actúa de manera similar.

he oído muchas veces la crítica a los arquitectos privilegiados por el poder, a que siempre son los mismos los que se reparten todo, aunque no salga bien. ¿saben qué? es cierto. es cierto porque así es el país en general. y los privilegiados no dejarán sus privilegios por gusto sino ante la presión generalizada. nuestra generación, sí, para la arquitectura pública ya es prácticamente una generación perdida. a todos, pero más a las generaciones que siguen, nos toca hacer lo posible para que no pase de nuevo.

Written by ahgalvez

26/12/2014 at 14:12

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pulgarcita

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las hemos visto, con admiración, escribir un mensaje en sus teléfonos a una velocidad que nada debe envidiarle a la de una mecanógrafa experta de los años 50 del siglo pasado, usando sólo sus dos pulgares. Probablemente tu, que ahora lees esto, así escribas. y también leas en la pantalla del mismo teléfono pasando rápidamente de un sitio a otro controlándolo hábilmente con un pulgar. pulgarcita, pulgarcito. petite poucette, el mundo a cambiado de tal manera que los jóvenes deben reinventarlo todo: una manera de vivir juntos, las instituciones, la manera de ser y de conocer. se trata de un pequeño libro, publicado en el 2012, que reproduce una conferencia impartida por michel serres en la academia francesa.

michel serres, de 84 años, estudió en la escuela naval antes de entrar a la escuela normal superior a estudiar filosofía. entre sus muchísimos libros, ha escrito de ciencia y de la comunicación —la serie hermes—, sobre la fundación de roma y la invención de la geometría, sobre las estatuas y los mapas, sobre los cinco sentidos y el parásito. este pequeño libro trata de entender, con optimismo, a la generación de sus nietos: pulgarcita y pulgarcito, humanos que  viven en el mundo, dice, de una manera radicalmente diferente a la que acostumbramos desde el neolítico: “ya no vive en compañía de los animales ni habita la misma tierra, no tiene la misma relación con el mundo. sólo admira una naturaleza arcádica: la del ocio y del turismo.” han sido forjados —agrega— por los medios y pueden manipular información diversa al mismo tiempo sin conocer, ni integrar ni sintetizar del modo como lo hacíamos nosotros, sus ancestros.

pulgarcita es la última versión de la exteriorización de las capacidades humanas: la palanca una prótesis externa al brazo, la escritura es una prótesis externa a la memoria; el teléfono inteligente es una prótesis externa de nuestro cerebro entero puesto en nuestras manos. como san denis —dice serres—, el obispo de parís en el siglo tercero que tras ser decapitado caminó diez kilómetros hasta el lugar donde ahora se levanta la basílica que lleva su nombre y donde yacen los restos de los reyes de francia, pulgarcita camina con la cabeza entre sus manos.

se trata de la tercera gran revolución humana, dice serres en una entrevista: la primera el paso de lo oral a lo escrito, la segunda de lo escrito a lo impreso y ahora de lo impreso a lo transmitido. cada revolución, explica, supone mutaciones políticas y sociales. la escuela, por ejemplo. “¿qué transmitir? ¿el saber? ya está todo en la red, disponible, objetivado. ¿transmitirlo a todos? ya es accesible a todos. ¿cómo transmitirlo? ya es un hecho.” la relación unívoca y de dominio entre quienes saben y transmiten —los maestros— y quienes aprenden —los alumnos— se ha roto o, más bien, se ha disuelto y vuelto más compleja: ya no hay un silencio atento a lo que repite el maestro —repite, sí: para serres el maestro habla un conocimiento ya escrito, descrito: rara vez inventa— sino un barullo constante. “por primera vez en la historia —afirma serres hablando del cambio social— podemos oír las voces de todos:” “todos quieren hablar, todo mundo se comunica con todo el mundo en redes interminables.” así se forman nuevos colectivos, inestables, variables, que cobran forma tan pronto como se desbaratan por cada extremo, mosaicos, caleidoscopios líquidos que hacen que hoy sean inútiles e incomprensibles viejas abstracciones como la consciencia de clase, o de género, o nacional, o de cualquier otro tipo. es casi inútil preguntarse cuál es la idea de estado o de nación de pulgarcita; acaso haya que investigar su idea de ciudad o de barrio o, más bien, del lugar donde hay que estar en un momento dado, de la red en la que hay que estar conectado.

la visión de serres acaso sea demasiado optimista. él mismo afirma que es la de un abuelo cariñoso. julien gautier, por ejemplo, emprende una larga crítica del texto de serres al que califica de fábula reductiva. pero tiene a su favor que, al igual que su elogio de wikipedia —que algunos descalifican por ser una enciclopedia no sólo pública sino popular: hecha por todos—, su descripción de pulgarcita —como en su momento la que intentó alessandro baricco de los bárbaros mutantes— se aleja de un rancio elitismo intelectual.

Written by ahgalvez

05/10/2014 at 14:16

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porque 140 caracteres no siempre bastan

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querido jose, responder a tus cinco ideas rápidas —que al final fueron diez— sobre el “concurso” para el proyecto del nuevo aeropuerto: tuit por tuit me resulta complicado, así que lo haré aquí.

dices que no tienes ningún elemento para afirmar deshonestidad en el procedimientosi uno de los significados de honesto es razonable y justo, el “concurso” no lo fue —o no lo ha sido. ¿en que sentido? en el de la publicidad, es decir, la comunicación a la opinión pública de los procedimientos que determinaron las decisiones tomadas, lo que, digamos, pone a resguardo el hecho probable y necesario de que esas decisiones sean razonables y justas —en el ensayo de bobbio al que me referí, democracia y secreto, cita a kant, para quien, en temas  de Estado y gobierno, “una máxima que yo no pueda hacer pública sin que con ello dé al traste con su propósito y que debe ser mantenida en secreto para que se logre” acusa injusticia.

dices que suponer en la transparencia un valor absoluto es ingenuo, no lo es: es ideal, que es distinto: algo a lo que se tiende aunque sepamos que existen limitaciones. el mismo bobbio explica que, desde siempre, el secreto ha sido uno de los instrumentos fundamentales del poder y que “entre las promesas incumplidas de la democracia […] la más irremediable es, precisamente, la de la transparencia del poder.” pero también dice que “precisamente porque la propia democracia es el régimen que prevé el máximo control de los poderes públicos por parte de los individuos, este control es posible sólo si dichos poderes actúan con la mayor transparencia.” a mi me parece en cambio ingenua tu aparente confianza ciega —ciega a menos que tu hayas podido ver algo que el resto no en la oscuridad que imperó durante el “concurso”— en las decisiones surgidas de un proceso voluntariamente opaco que debió haber sido público —nota: no supongas por público algo que no estoy afirmando aquí. ingenuo también me parece ignorar que las fuerzas y actores que mencionas han actuado muchas veces aprovechando justamente el secreto y la opacidad.

paso a tus cinco puntos que son 10. en el primero, dices que el texto de ricardo raphael se enfoca en el jurado, no en la transparencia ni en el concurso: el jurado es parte de eso mismo y las dudas sobre su conformación me parecen válidas, siempre que, de nuevo, no está suficientemente aclarada su conformación ni sus decisiones. como tampoco la de los invitados al “concurso”.

dices en el segundo tuit que la selección de los 8 “no es física cuántica”, que “conozco sus credenciales” y que, como toda selección, ésta “implica arbitrariedad.” te equivocas al menos en dos puntos. cierto, no es física cuántica, pero no sabemos por qué méritos fueron seleccionados —una selección algo dispareja, a mi juicio. por supuesto el caso que más ruido hace es romero, que terminó ganando junto con foster. si decidieron invitarlo para que hubiera alguien de una generación menor al resto, ¿por qué él? ¿es el mejor de los menores de 50? ¿tiene más experiencia en aeropuertos? ¿o invitaron realmente a foster y éste invitó a romero? yo no lo se: sigue siendo secreto. si alguien en el gobierno pensó que al invitar a romero no habría que aclarar las razones para evitar toda suspicacia por el suegro, ahí si hay mucha ingenuidad, mera imbecilidad o, probablemente, desprecio por lo/el público. por otro lado una selección de este tipo no es arbitraria: no es una antología de poesía moderna donde incluso puedes pedirle al editor claridad sobre sus criterios

preguntas si el que foster haya hecho la propuesta del aeropuerto en el támesis en vez de rogers o chipperfield es opaco y deshonesto: no se, por lo que cuenta pablo lazo me parece que al menos fue un proceso mucho más largo, estudiado y discutido.

dices que tu hubieras organizado el “concurso” de manera distinta. supongo que no por diversión —¿de cuántas maneras se puede organizar un concurso?— sino porque juzgas que el modo como se hizo no es el mejor. aunque también

dices que el procedimiento tal como se llevó a cabo no te parece incompetente. ese no es el tema: el problema es la transparencia, de nuevo, el secreto en las decisiones públicas. si el procedimiento fue impecable, ningún problema hubiera habido en hacerlo público desde un principio.

preguntas si el procedimiento fue similar a otros en distintos lugares. y aunque supongo que pekín no sería el mejor ejemplo de transparencia  y rendición de cuentas, en los casos inglés y español sus gobiernos, con todo, tienen mejores antecedentes de rendición de cuentas y transparencia que el nuestro, más allá del mero concurso.

del mismo modo, si comparas con casos como la línea 12 creo que tampoco estas usando el mejor ejemplo. pareciera que tu objetivo es presentar al del aeropuerto como el “no-tan-peor” de los concursos posibles. de nuevo: parece que profesas la ingenuidad que diagnosticas.

no se trata de determinismo: no sólo habría que suponer que el secreto y la opacidad que caracterizaron al “concurso” del aeropuerto y las decisiones que se han tomado al respecto puede tornarse en procedimientos transparentes: hay que exigirlo —¿no es nuestro derecho como ciudadanos?

finalmente, hay crítica, periodismo y activismo ciudadano que se ha enfocado en esos temas. las elucubraciones que tu llamas estériles no son el objetivo sino un resultado, que era de esperarse, insisto, de las condiciones nada claras en las que se dio ese procedimiento y del modo como se pretende, cosa común en nuestros gobiernos, sustituir con propaganda las explicaciones, la rendición de cuentas y la posibilidad de razonar públicamente lo relativo al “concurso”.

Written by ahgalvez

19/09/2014 at 10:14

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la generación perdida

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el presidente y el jefe de gobierno del país y la ciudad donde nací y vivo —nótese la torpe frase con tal de no decir: mi país o mi ciudad— son apenas un año mayores que yo. me veo mejor que ellos, lo se. seguramente porque las preocupaciones que acarrea su oficio implican mayor desgaste físico que lo que yo hago.

empezamos a gatear y caminar cuando díaz ordaz era presidente y se mataban estudiantes en tlatelolco. a hablar y a leer cuando echeverría estuvo al mando. yo tenía 15 años cuando lópez portillo nacionalizó la banca en su último informe de gobierno. no se si era lo normal para la gente de mi edad en esos años, pero vi completa la transmisión —el día del informe no se trabajaba y no había otra cosa que ver en la televisión o que escuchar en la radio— y, pese a la mala memoria respecto a lo que he vivido, recuerdo mi sorpresa ante el anuncio: “ya nos saquearon, no nos volverán a saquear.” lo decía el mismo presidente que afirmó nos tocaba administrar la riqueza; el que pidió perdón a los pobres al tomar el cargo y volvió a pedirlo, entre lágrimas, al dejarlo; el que defendería al peso como un perro. mi adolescencia y primera juventud las viví con la renovación moral de la sociedad de miguel de la madrid y la solidaridad de salinas —que hábilmente secuestró con ese lema una vaga sensación de comunidad surgida tras el sismo del 85 robándole la marca al sindicalismo de lech walesa. llegó el tratado de libre comercio que a la larga nos permitiría comprar en la tienda de la esquina los dulces que de niños encargábamos de falluca al primo que viajaba a los ángeles o, más cerca, a tepito. apareció el ezln: la “primera” “nueva” “revolución” “global”. mataron a colosio y llegó zedillo y otra crisis económica —con echeverría y con lópez portillo las devaluaciones y la inflación también habían hecho lo suyo.

a los 33, salí con muchos a la calle a festejar el triunfo de fox o, más bien, que por fin el pri había perdido o, más bien, que lo habíamos sacado de los pinos. tal vez de ahí y nada más de ahí. vino calderón con sus miles de muertos y desaparecidos, con su atención fija en una guerra que no podía ganar y en una economía que nomás no aceleraba —en parte, dicen algunos, por la rémora de unas reformas faltantes que el hoy reformista pri se empeñó en frenar. y volvió el pri. de hecho nunca se fue. en la práctica siguió gobernando buena parte del país off the pinos así como hay teatro off broadway. y además, temo coincidir parcialmente con peña, el pri o la corrupción, es lo mismo, es algo cultural —ya volveré a eso en otra entrada.

hoy, día del segundo informe de peña y cuando se acerca el segundo de mancera, no puedo compartir el optimismo de estos dos, mis coetáneos. mi desánimo no es sólo el de un ciudadano que no le cree a los políticos que lo gobiernan, sino el de un contemporáneo que no ve las cosas del mismo modo. cuando el presidente del país en el que naces y vives es de tu misma generación debes asumir que ya el resto es tiempo extra —o la bajada en la montaña rusa, que es lo que algunos más disfrutan.

no he vivido ni vivo mal. estudié lo que quise. he viajado. he comprado la décima parte de los libros que me gustaría comprar —que son muchos. trabajo en lo que quiero. no debería quejarme. o no tanto. pero veo el país y la ciudad donde nací y vivo y no puedo compartir la emoción o el entusiasmo de peña o de mancera, que juzgo, más allá de una deformación profesional suya o un sucio truco de político, como auténtico. a pesar de todos sus errores y a pesar de todas sus triquiñuelas, supongo que estos dos, por mencionarlos a ellos, creen realmente en eso. podrían recitar sin ruborizarse aquella línea: ¡méxico, creo en ti! yo no.

lo que he visto —que no vivido, para no presumir que mi enojo o mi desánimo tienen por causa mis circunstancias— es un país que se desmorona, cuyas instituciones públicas fallan constantemente, que no logra rescatar del olvido y de su correspondiente pobreza a la mitad de sus habitantes y en el que unos cuantos hacen todo lo posible —muchas veces sin aceptarlo— por mantener privilegios que en público juzgan ofensivos.

no hubo cambio. no hubo transición y, si nos movemos, nos movemos sin rumbo —como si alguien presa de un ataque epiléptico presumiera de la energía que despliegasi por mi fuera decretaría, como el título de esto que escribo, que somos una generación perdida. pero lo se: exagero y quiero contagiarle a todos mis angustias y amarguras.

Written by ahgalvez

01/09/2014 at 07:52

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el pozo y el lago

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llueve. hoy al igual que ayer y que muchos otros días de este húmedo y frío verano del 14 —2014. parece que ese será el futuro que nos espera: lluvias, viento, granizo y veranos menos soleados y calurosos. cuestiones del cambio climático y de habitar una ciudad a más de dos mil metros sobre el nivel del mar en lo que los geólogos llaman una cuenca cerrada. la batalla de la ciudad de méxico o, más bien, de sus habitantes contra el agua es no sólo ancestral sino incluso fundamental: el origen de la ciudad está en el lago pero su crecimiento dependió de negarlo y, finalmente, desaparecerlo.

llueve. no se cuántos milímetros pero bastantes. no se cuánta agua se escurra por calles y banquetas y termine en el drenaje profundo, pero mucha. suficiente, tal vez, para abastecer a una ciudad de mediano tamaño. con todo y las grandes inversiones que a lo largo de los siglos se han realizado para desaparecer los lagos sobre los que se asentó la ciudad, ésta se sigue inundando. cada año. hace una semana tan sólo el jefe de gobierno anunciaba, tras una fuerte lluvia acompañada de granizo, que los accesos al viaducto elevado sobre periférico —obra bastante mal hecha y muy criticada, por cierto— serían gratuitos: a nivel del suelo la autopista se había inundado.

llueve. y cada año las lluvias son calificadas de atípicas aunque todos sabremos que vendrán. y sabemos —porque los científicos lo han dicho— que el aumento en la cantidad de agua que cae cada año no es ya algo atípico sino una tendencia.

llueve y leo una nota en milenio: pemex perforará en la ciudad de méxico dos pozos de dos kilómetros de profundidad para comprobar la existencia de un manto de agua potable que sería “una nueva fuente de abastecimiento para la ciudad.” secamos el valle y secamos ya muchas zonas vecinas. la ciudad ha crecido hasta albergar a más de 20 millones. demasiados. el agua ya no alcanza. y ya no tiene sentido irla a buscar más lejos: busquémosla en las profundidades del subsuelo capitalino: a dos kilómetros bajo el nivel de la ciudad.

llueve y sin entender nada de geología ni de hidráulica, me pregunto si no sería bueno intentar retener y utilizar el agua que cae sobre el suelo antes de irla a buscar dos kilómetros bajo el suelo.

Written by ahgalvez

24/08/2014 at 19:52

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