OTRO [MÁS]

el lado b de mi otro blog

Posts Tagged ‘ciudad

el pozo y el lago

leave a comment »

llueve. hoy al igual que ayer y que muchos otros días de este húmedo y frío verano del 14 —2014. parece que ese será el futuro que nos espera: lluvias, viento, granizo y veranos menos soleados y calurosos. cuestiones del cambio climático y de habitar una ciudad a más de dos mil metros sobre el nivel del mar en lo que los geólogos llaman una cuenca cerrada. la batalla de la ciudad de méxico o, más bien, de sus habitantes contra el agua es no sólo ancestral sino incluso fundamental: el origen de la ciudad está en el lago pero su crecimiento dependió de negarlo y, finalmente, desaparecerlo.

llueve. no se cuántos milímetros pero bastantes. no se cuánta agua se escurra por calles y banquetas y termine en el drenaje profundo, pero mucha. suficiente, tal vez, para abastecer a una ciudad de mediano tamaño. con todo y las grandes inversiones que a lo largo de los siglos se han realizado para desaparecer los lagos sobre los que se asentó la ciudad, ésta se sigue inundando. cada año. hace una semana tan sólo el jefe de gobierno anunciaba, tras una fuerte lluvia acompañada de granizo, que los accesos al viaducto elevado sobre periférico —obra bastante mal hecha y muy criticada, por cierto— serían gratuitos: a nivel del suelo la autopista se había inundado.

llueve. y cada año las lluvias son calificadas de atípicas aunque todos sabremos que vendrán. y sabemos —porque los científicos lo han dicho— que el aumento en la cantidad de agua que cae cada año no es ya algo atípico sino una tendencia.

llueve y leo una nota en milenio: pemex perforará en la ciudad de méxico dos pozos de dos kilómetros de profundidad para comprobar la existencia de un manto de agua potable que sería “una nueva fuente de abastecimiento para la ciudad.” secamos el valle y secamos ya muchas zonas vecinas. la ciudad ha crecido hasta albergar a más de 20 millones. demasiados. el agua ya no alcanza. y ya no tiene sentido irla a buscar más lejos: busquémosla en las profundidades del subsuelo capitalino: a dos kilómetros bajo el nivel de la ciudad.

llueve y sin entender nada de geología ni de hidráulica, me pregunto si no sería bueno intentar retener y utilizar el agua que cae sobre el suelo antes de irla a buscar dos kilómetros bajo el suelo.

Anuncios

Written by ahgalvez

24/08/2014 at 19:52

Publicado en Uncategorized

Tagged with

sin lugar para la basura

leave a comment »

una campaña que recuerdo de mi lejana infancia fue aquélla del ponga la basura en su lugar. además de la cancioncita, fea pero pegajosa, en aquellos años la ciudad fue amueblada con grandes tambos pintados de verde —¿o eran anaranjados?— con la leyenda repetida casi como mantra: ponga la basura en su lugar. eran los años —un poco antes o un poco después— en que hank gonzález transformó radicalmente la ciudad con sus ejes viales —resultado de ese mandamiento de los dioses locales que sustituyó al dado por jehová: amaras al coche sobre todas las cosas— y que, además de un sistema de transporte público bien estructurado —en cada eje vial habían dos carriles destinados a transporte público: delfines, ballenas y troles— o un sistema de señalización simple pero efectivo —el color de los letreros indicaba la dirección: negro sobre amarillo en los ejes norte o sur cuando se iba hacia el poniente, amarillo sobre negro si al oriente; rojo sobre blanco en los ejes poniente u oriente si el sentido iba al norte, blanco sobre rojo si iban al sur—, tenían botes de basura en cada esquina.

hoy los botes de basura parece excepción. hace un momento compré un café en la esquina de moras y parroquia. al llegar a la siguiente esquina, moras y félix cuevas —eje 7 sur, para quienes aprendimos aquella nomenclatura—, ya había terminado el café y tenía un vaso vacío en la mano —además de un librito, un lápiz y mis lentes. caminé cuatro o cinco cuadras hasta la estación del metro “hospital 20 de noviembre” sin encontrar ningún bote de basura. esperaba encontrar uno al entrar a la estación de la línea 12, inaugurada hace menos de un año. no hubo ninguno. me bajé dos estaciones adelante, y caminé de nuevo por eje 7 hasta división del norte y luego por esa calle las 4 o 5 cuadras hasta mi casa, donde al final pude tirar el vaso. en algún momento pensé en tirarlo en la calle. no sabía si hacerlo discretamente —como quien abandona algo que no quiere— o descaradamente, con un gesto de enojo: un acto no de desobediencia civil sino, al contrario, en memoria de aquél entrenamiento infantil que me enseñó que había un lugar para la basura. no pude de ningún modo. un reflejo casi pavloviano me impedía abrir el puño y soltar el vaso. eso está mal —decía una voz en mi cabeza mientras de fondo oía la tonada del ponga la basura en su lugar.

la falta de botes de basura en una calle que acaba de ser remodelada —al mismo tiempo que se hizo la nueva línea del metro, donde tampoco hay botes para la basura— no es un olvido menor. sumemos que en muchas, muchísimas calles no hay pasos peatonales pintados —ya ni esperar que sean respetados por los automovilistas— o que sigue habiendo cruces en calles de circulación rápida sin semáforos o señalización clara, el estado de las banquetas, que por falta de mantenimiento, apropiación ilegal —y no sólo de “ambulantes” sino tanto o más de comerciantes establecidos o simples vecinos—, privilegio del auto —estacionándose o con rampas de proporciones casi teotihuacanas para poder entrar a la cochera—, resultan intransitables —y ni hablar de las condiciones para personas que caminan con dificultad, que usan silla de ruedas o que ven poco o nada— y con escasos lugares para sentarse a la sombra o guarecerse de la lluvia . todo eso es resultado, me parece, de una ciudad que está pensada con las patas pero no para quienes las usamos: no para el peatón, no para el transeúnte, no para el paseante. que ya no haya lugar para poner la basura va junto con pegado, pues, con que ya no haya lugar para quien camina, con que la calle ya no sea espacio público sino mera vialidad. para poner la basura en su lugar, tendría que haber primero un lugar para nosotros mismos.

Written by ahgalvez

15/06/2013 at 16:52

Publicado en Uncategorized

Tagged with

el perico morado

with one comment

había una vez un perico morado que repitió varias veces —no demasiadas, es cierto, y en voz baja, si eso se puede decir de un perico— que su color lo hacía único, más bello que cualquier ave del paraíso y que eso, simplemente eso, le daba un valor incomparable y que por favor le creyeran y no lo fueran a criticar. fin de la fábula.

hace unos días vinieron jacques herzog y pierre de meuron a méxico a dar una conferencia. la plática fue un éxito: lleno total. no era de extrañar: son buenos arquitectos, reconocidos prácticamente por todos y con razón: su trabajo los respalda. pero al terminar la plática tuvimos noticia de que h&dm trabajarían en la ciudad de méxico, encargados de proyectar barrios temáticos en distintas zonas de la ciudad. en 3 o 4 tuits dije, más o menos, que bien, pero ¿por qué ellos y por qué eso? cuando algunos amigos me preguntaron la razón de mis comentarios, decidí explicarme y lo hice en el lado a de este blog.

hoy, simon levy, director de calidad de vidala empresa paraestatal del gobierno del distrito federal que está a cargo de los proyectos que harán h&dm, me envió en tuiter una liga a su blog en animal político. el título de la entrada es el avestruz de color púrpura. resumo la “fábula” que pueden leer allá: un día aparece un avestruz púrpura en un zóológico, otras aves, insatisfechas y celosas, hacen un ruido atroz hasta que la echan fuera. se va a otro zoológico que resulta exitoso y aquél del que huyó fracasa.

tras ese momento de esopo redivivo —¿será que ayer fue domingo de resurrección?—, levy escribe, entre otras cosas llenas de lugares comunes sobre la “desinformación en la era de la información”, que “la generación en que vivimos podría encontrarse frente a la caducidad de reglas del espacio-mundo real donde la tecnología crea a través de los blogs y del marketing digital, microfranquicias informativas o paleros robotizados a modo eficaces en el desprestigio. si acaso, también periodistas reales que buscando adaptarse a la nueva realidad, viven de infraestructuras del pasado usando renovados seudónimos o máscaras digitales que combinan las relaciones con la eficacia de crear opiniones virales que retuitean creencias.” en otras palabras, tratando de sacar algo en claro de la prosa de nuestro fabulista, parece que levy desconfía de las opiniones ajenas y, peor, rehuye la crítica abierta en las redes sociales. llega incluso a escribir que “las bondades de la democracia de la tecnología” —¿eh?— “si bien crean más oportunidades y transparencia en la información, está resultando ser tan peligrosa (sic) como la censura totalitaria.” de nuevo traduciendo: levy piensa que el poder de que cualquiera pueda decir lo que piensa es tan grave como lo contrario, la censura totalitaria. un absurdo, pues, al que suma estas preguntas: “hacia dónde vamos con la regulación de los medios digitales y los espacios? ¿la libertad de unos por opinar puede terminar con la dignidad de otros al intentar progresar?” —¿entienden algo?

como no conozco a simón levy y ya que me envió una liga a su fábula y la complicada disquisición sobre  los peligros de la libertad de opinión, y yo opiné sobre algo que le atañe —el tema de herzog y de meuron, que probablemente para abreviar podríamos desde ahora llamar la avestruz púrpura— supongo que algo me quiso decir. lo curioso es que no dice nada de lo que debió haber dicho. en mi texto yo hice, al final, cuatro simples preguntas: ¿por qué las zodes, por qué esas zodes, por qué en esos lugares y, también, por qué esos arquitectos y no otros? yo no quería una fábula de esopo, ni de la fontaine. como director de una “empresa de participación estatal mayoritaria” que pretende ejecutar grandes proyectos en la ciudad —así sea con recursos privados— supongo sería muy fácil responder eso: ¿por qué las zodes, por qué esas zodes, por qué en esos lugares y, también, por qué esos arquitectos y no otros? —aunque quizá no: si ustedes van a la liga plan de trabajo 2013 en la página de calidad de vida, la encontrarán vacía. y responder con datos y no con fábulas a críticas y opiniones —que eso son, sí.

en fin, a mi juicio, lo mejor del texto de levy es el epígrafe de goethe, puesto muy bien en práctica por nuestro autor: “se tiende a poner palabras allí donde faltan las ideas.”

Written by ahgalvez

01/04/2013 at 13:57

Publicado en Uncategorized

Tagged with ,

urbanismo, televisión e imaginación

with 4 comments

ayer leí el primer capítulo del nuevo libro de jeff speck walkable cityla ciudad caminable. speck define la caminabilidad como un fin y un medio a la vez que una medida: “mientras que las recompensas son físicas y sociales, la caminabilidad es tal vez más útil en cuanto contribuye a la vitalidad urbana y es más significativa como indicador de esa misma vitalidad.”

speck explica que lo que hace que una ciudad sea caminable no son sólo las banquetas, pasos peatonales, rampas y demás, sino, sobre todo, el tejido (fabric) de la ciudad: “la colección cotidiana de calles, cuadras y edificios que anudan a los monumentos.” dice también que el peatón es una especie muy frágil –”el canario de la mina de la habitabilidad urbana”. el caminar debe cumplir –según speck– con cuatro condiciones: ser útil –llevarnos a alguna parte–, seguro –sobre todo percibirse como seguro–, cómodo e interesante.

en el primer capítulo, why walkability?, speck afirma que la vida peatonal es la única manera en que se pueden dar encuentros casuales que deriven en amistades –entendamos que la vida peatonal va desde la caminata en la banqueta hasta el café o la copa en la esquina o el almuerzo en el buen restaurante de barrio.

afirma algo más: que en los estados unidos las nuevas generaciones están optando por vivir en centros urbanos, en vez de en suburbios, y desplazarse a pie, en bicicleta o en transporte público. es más que una moda: es una tendencia demográfica que, entre varias razones, tiene un componente imaginativo: hoy más gente se imagina vivir en la ciudad de otra manera, no pasando horas en su auto privado atrapados en el tráfico sino en centros urbanos relativamente densos y con diversidad de usos al alcance no de la mano sino de los pies.

el cambio depende en gran medida de nuestra capacidad de imaginarnos de otro modo –creo fue castoriadis quien dijo que una sociedad funciona exitosamente mientras sea capaz de imaginarse exitosamente como sociedad. y la imaginación, hoy, es alimentada en buena medida por la televisión.

speck dice que creció en los suburbios viendo por horas en la tele programas como la isla de gilligan, the brady bunch, la familia partridge. si en la primera serie se trata de una comunidad aislada por accidente, en los segundos eran comunidades aisladas voluntariamente: exiliados a la paz del suburbio a dónde sólo se llega en su auto –o en autobús, pero también privado como el de los partridge. claro, sigue speck, que también veía programas donde la ciudad aparecía como protagonista: dragnet, mannix o las calles de san francisco. en todos esos casos la ciudad era escenario de violencia y crimen. el mensaje que la televisión –como inception– colocaba en el imaginario colectivo era claro: la ciudad es peligrosa, el suburbio apacible.

las nuevas generaciones han crecido también en los suburbios, pero ahora –escribe– viendo seinfeld, friends o, más tarde, sex and the city. la ciudad se ha vuelto, en esos programas, un espacio agradable, atractivo, donde los amigos se encuentran y divierten. notemos que el énfasis es, como la famosa serie, en los amigos y ya no en las familias o, más bien, las familias también aparecen ahora mostrando su cara oculta –como los suburbios: desperate housewives sería el mejor ejemplo de la nueva manera de ver al suburbio y a la familia: tan disfuncionales y peligrosos como antes imaginábamos a la ciudad.

cuando en las elecciones pasadas se culpaba –no sin razón– a la televisión privada de ser parcial al informar, escribí aquí que peor que lópez dóriga resultaba cualquier telenovela o programa de la televisión mexicana que limita nuestra imaginación y construye estereotipos de formas de vida. no dudo que el show de bill cosby, al presentar a una familia negra exitosa, haya sumado a la posibilidad de que hoy estados unidos tenga un presidente negro. tampoco dudo que will & grace y más tarde modern family the new normal ayuden a que la sociedad tenga otra imagen de los homosexuales. por supuesto no supongo que la televisión sea el único motor de esos cambios, pero si un importante combustible o, de menos, lubricante, y en un país sin lectores, como méxico, con mayor razón.

hace mucho que no veo en la tele nacional otra cosa que noticieros y similares, pero supongo que las telenovelas siguen siendo, además de historias repetidas, mal actuadas y producidas pobremente, un escaparate de mal gusto donde las mismas “técnicas narrativas” –qué excesivo resulta aquí ese término– se usan para presentarnos la situación física de la historia, el dónde: una imagen fija de un exterior y luego pasamos a un interior acartonado, siempre igual, con la misma iluminación y decorado. por lo que recuerdo –y me resisto a hacer el trabajo de campo– los personajes de las telenovelas mexicanas no van a restaurantes o bares –mucho menos reales– ni al parque, no caminan por la banqueta, no andan en bici y menos en pesero o en metro –y si algo así sucede, es para mostrarnos la triste vida de la niña pobre que al final será salvada gracias a que, en realidad, es la hija perdida del rico, rubio y guapo.

en la televisión mexicana, además de que parece no existir el 70 por ciento de la población nacional –al que finalmente van dirigidos esos programas– la ciudad es un fantasma, la vida urbana, pública, está ausente. el mexicano que vive en una terriblemente diseñada casa geo a tres horas de cualquier centro urbano se sienta en la noche, muerto de cansancio, a ver el interior acartonado y de mal gusto de la casa del rico en la telenovela –o de la vecindad, que siempre será una farsa.

por eso cuando leo que los “vecinos y comerciantes” de división del norte se oponen a una ciclovía o que “vecinos y comerciantes” de la roma y la condesa se oponen a los parquímetros, supongo que en buena parte tiene que ver con su incapacidad de imaginarse algo distinto a lo que viven, incapacidad si no generada sí al menos fomentada por el imaginario televisual.

tiene razón fernando escalante cuando escribe que “el público es el culpable”, pero en las maneras de usar y, sobre todo, imaginar el espacio público, quienes no han visto mucho y lo que han visto no les muestra otras posibilidades, poco pueden hacer. ¿será parte de la solución, para una mejor ciudad, más seinfeld y menos telenovelas?

Written by ahgalvez

08/01/2013 at 09:37

Publicado en Uncategorized

Tagged with