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pulgarcita

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las hemos visto, con admiración, escribir un mensaje en sus teléfonos a una velocidad que nada debe envidiarle a la de una mecanógrafa experta de los años 50 del siglo pasado, usando sólo sus dos pulgares. Probablemente tu, que ahora lees esto, así escribas. y también leas en la pantalla del mismo teléfono pasando rápidamente de un sitio a otro controlándolo hábilmente con un pulgar. pulgarcita, pulgarcito. petite poucette, el mundo a cambiado de tal manera que los jóvenes deben reinventarlo todo: una manera de vivir juntos, las instituciones, la manera de ser y de conocer. se trata de un pequeño libro, publicado en el 2012, que reproduce una conferencia impartida por michel serres en la academia francesa.

michel serres, de 84 años, estudió en la escuela naval antes de entrar a la escuela normal superior a estudiar filosofía. entre sus muchísimos libros, ha escrito de ciencia y de la comunicación —la serie hermes—, sobre la fundación de roma y la invención de la geometría, sobre las estatuas y los mapas, sobre los cinco sentidos y el parásito. este pequeño libro trata de entender, con optimismo, a la generación de sus nietos: pulgarcita y pulgarcito, humanos que  viven en el mundo, dice, de una manera radicalmente diferente a la que acostumbramos desde el neolítico: “ya no vive en compañía de los animales ni habita la misma tierra, no tiene la misma relación con el mundo. sólo admira una naturaleza arcádica: la del ocio y del turismo.” han sido forjados —agrega— por los medios y pueden manipular información diversa al mismo tiempo sin conocer, ni integrar ni sintetizar del modo como lo hacíamos nosotros, sus ancestros.

pulgarcita es la última versión de la exteriorización de las capacidades humanas: la palanca una prótesis externa al brazo, la escritura es una prótesis externa a la memoria; el teléfono inteligente es una prótesis externa de nuestro cerebro entero puesto en nuestras manos. como san denis —dice serres—, el obispo de parís en el siglo tercero que tras ser decapitado caminó diez kilómetros hasta el lugar donde ahora se levanta la basílica que lleva su nombre y donde yacen los restos de los reyes de francia, pulgarcita camina con la cabeza entre sus manos.

se trata de la tercera gran revolución humana, dice serres en una entrevista: la primera el paso de lo oral a lo escrito, la segunda de lo escrito a lo impreso y ahora de lo impreso a lo transmitido. cada revolución, explica, supone mutaciones políticas y sociales. la escuela, por ejemplo. “¿qué transmitir? ¿el saber? ya está todo en la red, disponible, objetivado. ¿transmitirlo a todos? ya es accesible a todos. ¿cómo transmitirlo? ya es un hecho.” la relación unívoca y de dominio entre quienes saben y transmiten —los maestros— y quienes aprenden —los alumnos— se ha roto o, más bien, se ha disuelto y vuelto más compleja: ya no hay un silencio atento a lo que repite el maestro —repite, sí: para serres el maestro habla un conocimiento ya escrito, descrito: rara vez inventa— sino un barullo constante. “por primera vez en la historia —afirma serres hablando del cambio social— podemos oír las voces de todos:” “todos quieren hablar, todo mundo se comunica con todo el mundo en redes interminables.” así se forman nuevos colectivos, inestables, variables, que cobran forma tan pronto como se desbaratan por cada extremo, mosaicos, caleidoscopios líquidos que hacen que hoy sean inútiles e incomprensibles viejas abstracciones como la consciencia de clase, o de género, o nacional, o de cualquier otro tipo. es casi inútil preguntarse cuál es la idea de estado o de nación de pulgarcita; acaso haya que investigar su idea de ciudad o de barrio o, más bien, del lugar donde hay que estar en un momento dado, de la red en la que hay que estar conectado.

la visión de serres acaso sea demasiado optimista. él mismo afirma que es la de un abuelo cariñoso. julien gautier, por ejemplo, emprende una larga crítica del texto de serres al que califica de fábula reductiva. pero tiene a su favor que, al igual que su elogio de wikipedia —que algunos descalifican por ser una enciclopedia no sólo pública sino popular: hecha por todos—, su descripción de pulgarcita —como en su momento la que intentó alessandro baricco de los bárbaros mutantes— se aleja de un rancio elitismo intelectual.

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05/10/2014 at 14:16

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no se hagan pendejos

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ninguna palabra es más que la historia de sus usos y desusos. ni menos. hoy nadie se atrevería a preguntarle a la madre de un niño autista si necesita ayuda con su hijo idiota, aunque fuera el término médico en el siglo antepasado y etimológicamente signifique literalmente lo mismo: aislado. sin embargo, hay que ser idiota —es decir: aislado del contexto— para sostener que “puto” quiere decir cualquier cosa, incluyendo puto, pero no necesariamente eso y que si le digo a un vaso puto vaso es igual que decirle pinche vaso, vaso de mierda lindo vaso, pero al revés.

¿será, como escribe mauricio cabrera, que cuando así hablamos “lo decimos sin pensar en un hombre penetrando a otro”? —por cierto, reducción de la homosexualidad a un acto sexual que, según demostró hace muchos años kinsey, no es exclusivo de los homosexuales: al parecer hay heterosexuales (hombres que prefieren sexual y afectivamente a las mujeres) que penetran a otros hombres por pasar el rato, divertirse, quitarse la calentura, porque no hay de otra o para ganar dinero extra, aunque eso sí, en ese contexto parece que el puto siempre es el otro.

ya lo dijo wittgenstein: las palabras son herramientas y más que su significado importa lo que hacen, su operación en un contexto dado. pero como muchas otras palabras, puto y puta llevan consigo su propio contexto con el que completan y modifican al de la enunciación en que se inscriben. y puto o puta, lo que hacen es disminuir a lo que nombran y, además, con desprecio. un puto vaso no es un vaso y no es igual a un pinche vaso. claro que hay diferencias. ya octavio paz explicó las que separan a la puta de la chingada y a ésta del chingón. el puto tampoco es un chingón, al revés: a ese puto me lo chingo, dicen.

no importa tampoco si puto y puta vienen de niño, puer, o de algo que apesta, algo podrido, puter: puto y puta significan desde hace veinte siglos a quien se prostituye: un niño o una niña de la calle —de cualquiera— y denotan suciedad y bajeza desde entonces. se dicen con desprecio, din duda.

cuando miles gritan al unísono puto al portero del equipo contrario no lo hacen como cuando preguntan ¿dónde dejé mis putos lentes? lo hacen para distraerlo, sin duda, pero también para denigrarlo. si fuera sólo asunto de estrategia podrían aullar o gritar ¡mira!, señalando hacia atrás de su portería con afán de que voltee a otro lado. pero su valor estratégico es prácticamente nulo, como explica álvaro enrigue: “las eliminatorias del mundial demostraron que gritar pugno o tiene el menor efecto en el enemigo, dado que todos nos ganaron.”

el contrincante es puto porque pone en riesgo a nuestro equipo, porque es el el enemigo, un enemigo al que, simbólicamente, se disminuye cuando se lo califica así: puto —porque los putos, claro, son menos que los que no lo son. como escribe pepe flores, se equipara puto «con una ausencia de valentía que está construida socialmente por valores asociados a lo masculino: va desde el “te faltan huevos” al “aguántate como los machos”. como si una mujer (a quien también “le faltan huevos”) o un homosexual (en su estereotipo más arcaico, el afeminado –y nótese de nuevo la dicotomía–) carecieran de la virtud de lo valiente.»

por supuesto no se trata de hacer campañas contra el uso de esa palabra o de cualquier otra en los estadios o en cualquier otro sitio, ni de volver a insistir, con cierta ingenuidad, en la perversión de cualquier estereotipo o de cualquier prejuicio: los estereotipos y los prejuicios no son malos por sí mismos: son una parte esencial de eso que llamamos pensar, siempre y cuando no seamos ciegos a aquello que nos condicionan. pero si nos negamos a reflexionar sobre lo que estamos diciendo al decir puto, por ejemplo, simplemente nos estamos haciendo pendejos —no se hagan pendejos.

Written by ahgalvez

22/06/2014 at 09:32

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las ideas

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paolo rossi en comer: necesidad, deseo, obsesión (fce, buenos aires, 2013)

las ideas surgen de la vida, pero pueden apartarse de ella. adquieren una existencia propia y autónoma. crecen a partir de sí mismas, se multiplican y generan otras ideas, se difunden a veces a gran velocidad (como sucede con una epidemia), a veces con gran lentitud, alternando períodos de inmovilidad e imprevistas aceleraciones. es difícil que se extingan sin dejar rastros. están sujetas a mutaciones y se insertan en los procesos evolutivos de la cultura. las ideas tienen su propia fuerza: se convierten en formas de pensar, generan conductas. a través de procesos a veces muy lineales, a veces en extremo complejos, inciden en la vida y el destino de los individuos, los orientan y los modifican. en un principio nuevas o directamente “subversivas”; muchas ideas se transforman con el correr del tiempo en cuestiones de sentido común. se convierten incluso en lugares comunes que, en cuanto tales, nunca se discuten sino que son pacíficamente aceptados y con una gran, casi increíble, monotonía se repiten de manera incansable.

el conformismo de las ideas —cuando se ha convertido en lugares comunes— tiene una viscosidad que puede compararse con aquella presente en las instituciones (y en la burocracia, que es la más viscosa de las instituciones).

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03/02/2014 at 23:21

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la transubstanciación de los libros

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hay libros que cuentan cómo el agua se convirtió en vino, las personas en estatuas de sal, los hombres prendados de su reflejo en flores, o cómo un hombre cualquiera amanece convertido en un horrible insecto. a mi, hace unas semanas, me sucedió algo menos sorprendente pero que no había leído antes en ningún libro: algunos de mis libros se convirtieron en otra cosa. no se precisamente en qué, pero si en algo distinto a libros, al menos nominalmente.

desde hace más de quince años compro libros en amazon. como a muchos otros, pueden culparme de que las librerías como antes las entendíamos vayan poco a poco desapareciendo. pero hay que admitirlo: amazon es un buen librero. al principio pedía mis libros a un apartado postal que renté sólo con ese fin. luego, años después, los pedía por correo a mi casa. casi siempre llegaban pero a veces el envío desaparecía. reclamar aquí en el servicio postal era impensable y aunque los de amazon siempre tuvieron la amabilidad de reponer cualquier envío extraviado, mandándolo por mensajería y sin cargos extra, hubo un momento en que decidí pedir mis libros de ese modo. casi siempre los libros me los entrega, de nuevo a la puerta de mi casa, dhl. sin ningún costo extra además del envío, que pago directamente en el sitio de amazon.

pero hace unos días me llegó un envío con cinco o seis libros y un recibo —que al pie advierte no ser válido para efectos fiscales. me cobraban 220 pesos (iva incluido) por desconsolidar el paquete que me envió amazón —término usado, ahora se, para sacar los libros o cualquier otra mercancía de la aduana. pero además me cobraron 255.97 pesos de iva. se que cuando compro algún libro en una librería en la ciudad de méxico o en cualquier lugar del país, sea nacional o importado, no pago iva: los libros, como los alimentos y las medicinas, están exentos. así que como el documento que me dejó dhl como comprobante del pago dice también al calce que mi envío estaba “sujeto a impuestos y requerimientos según la legislación aplicable,” envié un correo electrónico al departamento de quejas de dhl —no intenten por teléfono: el laberíntico menú grabado puede desesperar al más paciente. como la respuesta tardaba en llegar hice lo que cualquier energúmeno posmoderno haría: acosé vía tuiter. llegó la respuesta y me explicaron que el impuesto se ajustaba a lo previsto en la ley de aduana y que el sólo los libros impresos por el contribuyente no causaban iva —así dice la ley del iva. respondí que no me dejaba satisfecho la explicación. argumenté que al no generar iva los libros impresos “por el contribuyente” ese impuesto no se podía trasladar al consumidor final y que la ley de importaciones dice que los libros están exentos de impuestos. no hubo respuesta por varios días hasta que volví a presionar vía tuiter. entonces me llamó un asesor, amable como ninguno. se disculpó de no tener ni maestrías ni doctorados —yo tampoco los tengo pero se que cuando compro libros no me cobran el iva— y me dio una nueva explicación.

un reglamento permite a los importadores y empresas de mensajería agrupar distintos  pedimentos —palabra muy fea que se refiere a los paquetes en que viene lo que uno compra— en un conjunto y, entonces, cobrar un iva general. no importa que yo hubiera comprado libros, éstos fueron considerados por peso o volumen, me dijo, y sobre el costo manifestado en el envío se me cobró el inexistente impuesto. cuando alegué que era la primera vez que eso me pasaba me dijo, ingenuo, que probablemente en otros casos amazon había pagado los impuestos por mi —¡el amable jeff bezos me anda subsidiando! insistí: no me importa pagar la desconsolidación de mis libros, pero me rehuso a pagar por su transubstanciación en otro tipo de materia que causa impuesto, más cuando eso parece decidirlo alguien —”no lo hace dhl,” me dijo, “sino el encargado del trámite aduanal”— sin atribuciones legales para hacerlo.

así, si le he entendido bien a mi asesor de dhl, como en cuento de arreola, de borges o de kafka, al comprar libros en el extranjero uno entra en una lotería y no sólo por saber si llegarán o no: uno debe además estar preparado para pagar un impuesto inexistente si, por un momento solamente, esos libros cambian sus atributos —y las implicaciones fiscales que les acompañan— por los de alguna otra materia.

por suerte, ya que abrí el paquete, mis libros habían vuelto a serlo. tienen cubierta, lomo y hojas impresas con textos y fotografías. aunque pagué el iva que no generan no se convirtieron, al menos no de manera permanente, en ropa, zapatos o vajillas. sin embargo no los he guardado aun en mi librero. los vigilo. temo que su cambio formal o material pueda repetirse y, peor, que contagien a otros libros en mi casa.

Written by ahgalvez

02/12/2013 at 17:20

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el nuevo aeropuerto : una ficción

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hace poco, en una comida, un amigo me contaba de un país en el que, desde hace muchos años, se sabe que el aeropuerto de la principal ciudad ya no basta y no funciona bien. cuando lo hicieron, los habitantes de ese país no pensaban que todo fuera a crecer tan rápido. tampoco, es cierto, hicieron nada por evitarlo. la ciudad —algo al parecer natural y previsible en ese tipo de organismos, por llamarles de algún modo— crecía más allá de sus bordes difusos y todo lo que había sido construido en las afueras empezaba a quedar dentro. primero las estaciones de trenes y autobuses, luego las cárceles y los grandes mercados, al final hasta el aeropuerto, que quedó a la mitad de una ciudad demasiado grande para la capacidad de aquél. no era raro, al volar de regreso a la ciudad, ver a algún extranjero que por primera vez llegaba a la capital asombrado o francamente asustado al ver por las ventanillas del avión que la tierra se acercaba cada vez más pero, a diferencia de otros aeropuertos que conocía, no desaparecía de su vista sino, al contrario, podía ver las casas, los coches, las personas caminando y de pronto, ¡pam!, el golpe del tren de aterrizaje contra la pista.

hace algunos años, un presidente —electo, dicen, por el pueblo, cosa no común en aquél país que llevaba varias décadas gobernada por el mismo grupo— decidió encarar el problema y propuso un nuevo aeropuerto. la capital de ese país es una ciudad vieja que en el siglo XIV se fundó como sede de un imperio en un islote al centro de unos grandes lagos. las crónicas cuentan que era impresionante, pero ahora eso ya es casi un mal recuerdo que surge, amenazante, en épocas de lluvia, cuando el drenaje, tan mal planeado en relación al crecimiento de la ciudad como el aeropuerto, se satura. un grupo de arquitectos y urbanistas pensaron, quizás inspirados por las inundaciones, que sería fácil recuperar alguno de esos lagos y que el nuevo aeropuerto, como una isla al centro del lago revivido, resolvería muchos de los problemas de la capital. las cosas, dicen, se hicieron mal. ni la negociación, ni la política en el sentido más amplio y claro, ni la participación social,  eran algo que, dada la tradición local, se supiera aprovechar al hacer proyectos de ese tipo. hubo protestas que no terminaron bien. el proyecto del aeropuerto se canceló y se hizo un concurso para construir otra terminal junto al antiguo, aunque todos sabían que no serviría por mucho tiempo.

en esta historia no caben las explicaciones de por qué, años después, regresó al poder aquél partido que había controlado todo por años. para muchos, el nuevo presidente era la cara joven de los mismos vicios y las mismas trampas. ellos, los vencedores, decían otra cosa: habían aprendido. pese a todo el bien que históricamente habían hecho al país, sabían de sus errores. ni la democracia, ni la transparencia ni mucho menos la honestidad habían sido lo suyo. pero aprendieron. o eso al menos dijeron. el nuevo presidente, desde antes de serlo, acostumbraba prometer mucho y prometer que cumpliría todo lo prometido. ya en el poder más alto prometió, entre muchas otras cosas, un nuevo aeropuerto. era necesario —todos lo sabían. pero no dijo ni cómo, ni dónde, ni cuándo.

los habitantes de aquél país saben que las cosas pasan de maneras muy complejas, o tal vez muy simples. algunos pensaban, seguramente, que un día el aeropuerto aparecería donde debiera de aparecer. reluciente. el mejor del mundo. otros pensarían que eso jamás pasaría, que el presidente llegaría al viejo aeropuerto y lo inauguraría de nuevo llamando a la ciudad con un nombre distinto al que tenía —algo que los habitantes de aquél país nunca supieron si era un juego sutil de inventar nuevos nombres o, simplemente, mala memoria o simple ignorancia. pero otros, astutos, pensaron que habría que adelantarse a los hechos. inversionistas interesados en el negocio empezaron a buscar arquitectos y constructores que pudieran hacerles su aeropuerto. seguramente no habría concurso para eso —hay que apuntar que para muchos arquitectos de aquél país un concurso se definía como los distintos pasos que llevaban a cerrar un trato con un apretón de manos entre amigos; las minucias legales siempre podrían cubrirse después.

poco a poco, en los más selectos círculos de arquitectos y urbanistas, se empezó a hablar del proyecto. en sobremesas y pasillos se decía que habría varios invitados al concurso, que participarían arquitectos y firmas extranjeras reconocidas por su conocimiento del tema, que los extranjeros se asociarían con famosos arquitectos locales, que serían 5 —los mejores, los que ya lo habían pensado, los que ya habían hecho aeropuertos, los que están muy cerca de quien podría estar interesado en esa grandísima inversión y contaba con el dinero para hacerla— o tal vez sólo tres. se decía que, aunque nadie supiera nada, la última semana del penúltimo mes del primer año de la nueva era se anunciaría algo. ¿qué?: ¿los concursantes? ¿los finalistas? ¿el ganador? hubo quienes pensaban que eso no era posible, que las cosas deberían de haber cambiado —eso dijeron al volver al poder: que ya habían aprendido un poco de eso que llaman democracia, con sus procedimientos y sus exigencias de claridad, transparencia y rendición de cuentas. y otros decían que era de esperarse, que nada había cambiado, que en el fondo todos eran parte de un sistema corrupto donde no valían las mejores ideas sino las mejores relaciones y que nada cambiaría mientras nadie le dijera a los otros que así no estaba bien.

cuando llegó a ese punto, mi amigo recibió una llamada de teléfono. habló bajo, asintió tres veces y colgó. me dijo que tenía que irse con urgencia. pedimos la cuenta y al despedirnos, casi al salir, alcancé a decirle “qué suerte que en nuestro país todo es distinto.” sonrió, levantó la mano para parar un taxi que pasaba enfrente, se subió y, antes de cerrar la puerta del taxi, me respondió: “¡qué suerte!”

Written by ahgalvez

21/11/2013 at 17:40

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¿quién soy yo para juzgar a los gais?

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ése es el título de una entrevista aparecida hoy en el país: parece que eso respondió, al salir de brasil, el papa francisco. he visto hoy varias veces esa frase citada y publicada en tuiter y otros medios, como si marcara una posición distinta si no de la iglesia católica sí de su principal representante. y confieso que no entiendo por qué las fanfarrias. sí, es un respuesta moderada y que, en cierto sentido, no condena del modo que lo hacían sus antecesores —¿quién soy yo para juzgar a los gais?— pero precisemos: no estamos oyendo a un papa hablando ex cátedra o revocando y renovando dogmas. en el pasillo de su avión, lo que bergoglio dice no cambia en nada lo que los anteriores han dicho. “si una persona es gay, y es de buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?” habría que preguntarle qué es, para él, ser de buena volutnad. porque en la misma entrevista dice que “la iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso, no era necesario volver sobre eso, como tampoco hablé sobre la estafa, la mentira u otras cosas sobre las cuales la iglesia tiene una doctrina clara.” ojo: sobre la homosexualidad, como sobre la estafa y la mentira, la iglesia tiene ya una postura clara: que están mal, lo sabemos. y agrega que “no era necesario hablar de eso, sino de las cosas positivas que abren camino a los chicos.” de nuevo : no es necesario hablar de eso sino de cosas positivas —la homosexualidad, supongo, no lo es— que abren camino a los chicos —la homosexualidad, supongo, no lo hace. “además —sigue el papa— los jóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la iglesia.” es decir: para qué me preguntan a mi lo que piense:  no importa lo que yo —el papa: ¿quién soy yo para juzgar?— o cualquier otro piense sino la postura oficial de la iglesia —que es una verdad incuestionable. el asunto ya es cosa juzgada: está mal. así cuando le pregunta algún reportero, insistente, “¿pero cuál es su postura en esos temas?”, bergoglio responde: “la de la iglesia, soy hijo de la iglesia,” confirmando que no tiene postura, o que si la tiene no importa. así que, si alguno intuyó un cambio, será sólo un cambio de tono, pero no de fondo. nada que aplaudir, pues.

Written by ahgalvez

29/07/2013 at 18:19

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operación maestra

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hoy leí dos columnas, la de jorge castañeda y la de leo zuckermann, en las que el comportamiento de la maestra, elba ester gordillo, hoy acusada de haber desviado millones de pesos de los fondos del sindicato que dirigía, se explica como hubris —hybirs, si asumimos que la griega no era i, sino u. hubris pura y dura, escribe zuckermann. hubris —“mal traducido como soberbia”, escribe castañeda— era un sentimiento de superioridad que no excluía, al contrario, la humillación y la violencia hacia el otro, incluso violencia sexual.

castañeda y zuckermann quieren decir que la maestra —”gran dirigente sindical”, agrega castañeda— perdió el contacto con la realidad y, pagada de sí, hizo las cosas que ahora el ministerio público califica como delitos: comprar ropa y accesorios con un costo de millones de dólares con dinero ajeno, por ejemplo.

y sí, como estudio sicológico del personaje, exaltado así, si no a alturas de menos a bajezas cuasi mitológicas, el argumento de la hubris puede servir. pero supongo que no basta. y no basta porque la gordillo no es un hecho aislado. no es la única ni la primera lider sindical que usa dinero que no le pertenece para darse lujos que ninguno de los trabajadores que se supone representa podría alcanzar. es más, el juicio popular presume que no hay líder sindical que no cometa los mismos abusos. parafraseando al profesor, podríamos decir que un líder pobre es un pobre líder. así, la hubris de la gordillo no es una excepción sino la condición general del liderazgo en méxico.

y si la gordillo no es un caso aislado entre sus pares —otros líderes sindicales u otros políticos— tampoco es, pienso, una excepción entre sus representados. supongo que entre el millón y pico de maestros afiliados al snte hay de todo, incluyendo quienes se hayan opuesto, abierta o tácitamente, a los abusos de su representante. pero lo cierto es que todos, o casi, se beneficiaron del trabajo de la gordillo —tal vez por eso castañeda la califique de “gran dirigente sindical”. como cualquier líder sindical en méxico, el papel de la gordillo era negociar: no sólo luchar por los derechos de los maestros sino negociar simple y llanamente beneficios —algunos inexplicables— siempre a cambio de algo. pensar que la gordillo es un monstruo abominable que mantenía sometidos a más de un millón de maestros, obligándolos a cobrar sin trabajar, a trabajar sin estar preparados o a heredar sus puestos, mientras secretamente se gastaba sus ahorros, puede ser divertido pero resulta ingenuo. la maestra se daba esa vida a cambio de lo que negociaba para sus maestros, y el gobierno —por ejemplo, el de calderón— le permitía esa vida y le concedía privilegios para su sector en un sistema innegable de intercambio de favores.

la red de complicidades rebasa al sindicato de maestros y a los gobernantes en turno. nos enreda a todos. si no es esa red habrá otra: la del sindicato petrolero, o el de trabajadores al servicio del estado. y si no es un sindicato será un club, una camarilla, o un grupo anónimo y amorfo, pero amplio: el de quienes no pagan impuestos, o quienes no aseguran a sus empleados, o quienes se pasan el alto. y más, mucho más.

sea pues, la maestra fue víctima de la hubris. que eso nos sirva para ampliar nuestra cultura clásica. pero ahí no se acaba la explicación: no fue sólo eso. es algo más amplio, algo más sucio y mucho más peligroso que la hubris de uno o varios individuos, y es algo que nos toca a todos. se llama podredumbre.

Written by ahgalvez

28/02/2013 at 20:53

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