OTRO [MÁS]

el lado b de mi otro blog

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la sagrada familia

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“esta cuestión del matrimonio gay me interesa en razón de la respuesta que da la jerarquía eclesiástica. desde el primer siglo después de jesucristo, el mundo familiar, es el de la iglesia, es la sagrada familia.

pero examinemos a la sagrada familia. en la sagrada familia el padre no es el padre : josé no es el padre de jesús. el hijo no es el hijo : jesus es hijo de dios, no de josé. josé, nunca ha hecho el amor con su mujer. en cuanto a la madre, es la madre pero es virgen. la sagrada familia es lo que levi-strauss llamaría la estructura elemental del parentesco. una estructura que rompe completamente con la genealogía antigua, basada hasta entonces en la filiación : se es judío por la madre. hay tres tipos de filiación : la filiación natural, el reconocimiento de paternidad y la adopción. en la sagrada familia hay un alto a la vez a la filiación natural y al reconocimiento para no quedarnos mas que con la adopción.

la iglesia, pues, desde el evangelio de san lucas, plantea como modelo de la familia una estrucutra elemental basada en la adopción : no se trata ya de procrear sino de escoger. a tal punto que no somos padres, no serán padres, padre y madre, más que si le dicen a su hijo «yo te he escogido», «te adopto porque te amo», «eres tu lo que quise». y recíprocamente : el niño escoge a sus padres porque los ama.

de tal suerte que, para mi, la posición de la iglesia sobre el tema del matrimonio homosexual es perfectamente misteriosa : el problema fue resuelto hace 2000 años. le aconsejo a toda la jerarquía católica releer el evangelio según san lucas. o convertirse.”

michel serres.

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Written by ahgalvez

27/01/2013 at 13:53

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el teléfono delator

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el corazón delator es la mala traducción al español del título del cuento de edgar allan poe the tell-tale heartcuento que realmente no viene a cuento con lo que quiero decir con esto del teléfono delator, pero me resultó imposible evitar la asociación.

el estado policiaco, aquél que busca controlar al máximo los actos de sus ciudadanos, opera en principio de dos maneras complementarias. primero, un cuerpo dedicado a la inteligencia, a investigar e intervenir en la vida privada de los ciudadanos y, segundo, un mecanismo mucho más sutil que implica convencer a los mismos ciudadanos de hacer ellos ese trabajo, idealmente vigilándose a sí mismos –volviéndose refractarios a cualquier idea o intención que contravenga la norma– pero comúnmente al prójimo. el estado policiaco premia al delator quien, con mucho más frecuencia de lo que se imagina, lo hace convencido de que el otro actúa mal y él, por tanto, bien. en el fondo, supongo, cualquier tipo de estado recurre a esas dos formas de control: el policía físico y el metafísico, interiorizado como una forma de la –buena– consciencia. la diferencia está en la intensidad y en las formas de control retroactivo: qué tanto los ciudadanos mismos tienen injerencia sobre los mecanismos que los deben controlar a ellos.

las redes sociales, en especial –al menos en mi caso– twitter, y la tecnología de comunicación portátil –en especial los teléfonos con cámara– nos permiten a todos ejercer de una manera mucho más precisa y eficiente el control, tanto directo –actuando como policías y denunciando al vecino que hace mal– como retroactivas –vigilando a la autoridad. del segundo caso vimos varios ejemplos recientemente con las detenciones ilegales por parte de la policía el 1º de diciembre, grabadas por testigos videoculares y hechas públicas en las redes sociales. del primer caso podemos ver miles de ejemplos cada día. casi obsesivamente registramos las fallas y abusos del prójimo y enviamos el mensaje, prueba incluida, a las autoridades responsables de meterlo en cintura.

es una forma de la delación que ha rebasado o, de menos, transformado aquella organizada jerárquicamente en el estado totalitario. aquí todos –o al menos esos todos que hemos asumido ya como parte de nuestra consciencia que hay cosas que no deben hacerse: dar vuelta prohibida, tirar basura en la esquina, estacionarse en segunda fila, etc.– somos parte de una organización bastante compleja, mezcla de individualismo –en el fondo delatamos porque nos molesta a cada uno de nosotros– y colectivismo –hay cierta búsqueda, no se que tan sincera, de eso que se llama el bien común–, horizontal, y que en vez de someterse a una norma impuesta por la autoridad, le exige a ésta que haga valer algunas normas para que no sean sólo letra muerta.

las tecnologías nos vuelven así delatores. disfrutamos –al menos yo lo hago– cuando la grúa se lleva por primera vez al auto que durante meses o años se ha estacionado donde no debe. vemos ese acto como un triunfo de la ley y el orden.

algunos verán esto como el mayor triunfo del estado policiaco, autoritario, impulsado por el capitalismo postindustrial: el gran hermano ahora es legión. seguramente tienen razón. se trata de una fuerza normalizadora de intensidad inimaginable. pero, por otro lado, es a veces la única manera como podemos, entre “todos”, apretar algunas tuercas de esta inmensa máquina social tan dada al cascabeleo.

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17/12/2012 at 17:36

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esos ojos

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en el metro veo un anuncio con la foto de un hombre que no ve. es parte de una campaña que pide se cobren más impuestos a los refrescos y se incluya en sus etiquetas un lema que, como en los cigarros, advierta del riesgo de su consumo: este producto te puede hacer engordar, producir diabetes y dejar ciego o hacer que pierdas algún miembro o la vida misma. veo el anuncio e imagino que nos dirigimos a una utopía puritana: puritopia, no el castillo sino la ciudad, el estado de la pureza. no consumiremos nada que pueda hacernos daño. todo deberá servir para nutrirnos y que nuestros cuerpos se parezcan a esos que cada vez vemos más en la publicidad, la televisión y el cine y menos en la calle. es cierto, hemos producido una especie animal deforme y casi inválida: nosotros mismos.

la belleza del cuerpo de un tigre, de una gacela o de un águila, formas que enaltecen la función, ya es excepcional en los humanos. lo que la naturaleza hubiera castigado: la poca destreza para correr tras una presa o evitar serlo de otro, es algo que la civilización premia. un argumento para quienes oponen la civilización a la cultura: ésta es cosmética, su función primordial es embellecer, aquella protege la ineptitud y la incapacidad. finalmente para eso se inventó. además, la preocupación por la gordura que provocan los refrescos y sus consecuencias, no es estética, por más que nos digan que vivimos en una época de hedonismo y apariencias. el trasfondo, como en el caso de los cigarros, es económico. los enfermos preocupan cuando son un tema de economía social, un gasto excesivo pues.

el señor del anuncio, de pobladas cejas y piel bronceada, tiene unos bellísimos ojos nebulosos que no sirven para ver pero cautivan. es la mirada que los antiguos suponían del vidente. cuando el metro se acerca a la estación, veo, al otro extremo del vagón, a un joven acercarse a un hombre mayor sentado. le indica que ya es tiempo. se levanta con trabajo. el joven lo ayuda. puede ser su hijo aunque también su nieto, por la diferencia de edades. el joven le saca media cabeza al viejo. le pasa el brazo por la espalda y se detiene de uno de los tubos del vagón, como protegiéndolo. se para el tren y se abre la puerta. bajan y el joven guía al viejo con su mano en los hombros. no alcanzo a ver si el viejo ve, si sus ojos, como los del otro en el cartel, están nublados y ya no sirven.

cuando las puertas se cierran y el metro avanza, vuelvo a mirar al frente. delante mío hay una mujer vestida con ropa deportiva, imitación terciopelo y color azul cobalto. demasiado justa, dibuja los pliegues de un cuerpo que ni rubens hubiera pintado. sí, no importa que la verdadera razón sea económica, biopolítica, pónganos a todos a dieta, háganos ejercitarnos y sudar, recuperar formas humanas. prohíbanse los refrescos y también, de paso, la ropa deportiva en imitación de terciopelo color azul cobalto demasiado ajustada.

Written by ahgalvez

07/12/2012 at 20:52

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la fuerza para construir monumentos

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“cuando los seguidores de la filosofía dejaron de vivir y morir por la ciudad esforzándose por una verdad y una justicia por encima de este mundo, el significado de ser mortal cambió radicalmente. la muerte de un ciudadano ya no era vista como el gran sacrificio que los individuos estaban preparados a hacer en favor del bien común mientras la ciudad, de manera convincente, se comprometiera a nunca olvidar sus hechos. tras la gran guerra, empezó a parecer que la muerte de los ciudadanos se deslizaba hacia lo amorfo, y de lo amorfo a lo insignificante. ¿qué podía hacerse cuando la ciudad no podía ya producir un hombre como pericles, quien sabía dar un discurso sobre una tumba como era debido? ¿de qué orden se podía sostener la gente cuando la ciudad derrotada no podía llevar cuenta de los nombres de los muertos, ya porque fueran demasiados o porque la memoria cívica no podía reunir la fuerza para construir monumentos efectivos.

tras del colapso de la polis en un conglomerado de grupos de interés que no podía estar unido alrededor de un dios común y sentir la obligación de comportarse de manera creíble, la filosofía entró en escena para atribuirle un nuevo significado radical a la muerte. cambió de ser el sacrificio potencial del ciudadano por la comunidad a ser objeto de una especulación romántica, incluso, a veces, un lascivo juego metafísico. sobre todo, la muerte, vista como el regreso consciente al origen, se convirtió en una tarea a la que podían dedicarse los individuos sin permitir la intervención de la «sociedad», que se volvió un simple agrupamiento de gente que buscaba sus propios intereses individuales.”

peter sloterdijk, el arte de la filosofía

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20/11/2012 at 16:26

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mis fachas

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facha. fachada, faz, faceta. antifaz. soy arquitecto y algo entiendo –supongo– de la importancia de las apariencias. con todo mi facha no me ayuda. hoy, aunque llevaba pantalones oscuros de vestir y una camisa gris también de vestir con una corbata que no combinaba ni con una sola línea de mis calcetines, pero que fue la única que encontré en mi casa, donde pensé ya todas habían desaparecido, y unos tenis puma de piel, negros con vivos y agujetas blancas, lo mejor y más nuevo de mi vestimenta, fui ignorado primero por un taxista –que más adelante hizo la parada frente a una pareja– y no cumplí con los requerimientos mínimos para entrar a donde se me había citado –corbata sí, saco no, tenis menos.

ni modo. no es que piense que eso sea grave. al fin de cuentas cualquier club privado puede permitirse sólo admitir a quienes cumplan ciertas reglas: jaqué o saco y corbata, traje de luces o vestido de lentejuelas o un simple suspensorio –en los dos últimos, dado el caso, probablemente me esforzaría un poco más por ganar acceso. pero también cualquiera puede decidir si se priva del privilegio de ser admitido a un club privado precisamente por tales exigencias.

no es que no me gusten los trajes ni las corbatas. si hubiera vivido en la época de adolf loos o de ludwig mies van der rohe, hubiera querido usar esos trajes negros impecablemente cortados a la medida. ¡qué elegancia! pero elegancia, dijo loos, es pasar desapercibido en el centro de la cultura de tu época, y eso no se logra hoy con un traje vienés de fin de siglo.

loos criticaba a los aristócratas austriacos de su tiempo por usar ropa interior de lino –incómoda e impropia para las actividades físicas– en vez de algodón, como los americanos y los ingleses: una ropa de quien trabaja y hace algo. hoy seguramente los calzones de loos serían unos calvin klein y, aunque en su momento criticó los tatuajes como un atavismo primitivo ya sólo propio de criminales, supongo que si tuviera mi edad tendría tatuadas en alguna parte unas barras negras como las que revestirían la casa que diseñó para josephine baker.

de regreso a casa en el metro, venía pensando en la ridiculez de los industriales, tan elegantes, en un país donde la industria en general es un fiasco –pensemos que el hombre más rico del mundo, mexicano, lo es por las gracias concedidas por un nada santo gobierno mitad servil y la otra mitad corrupto, y que si ahora mismo desapareciera del mundo –el millonario no el gobierno– ni la tecnología ni la industria perderían gran cosa pues su fortuna no se debe a lo que su ingenio haya agregado a la industria. pero el viaje también me dio tiempo para pensar que escribir eso sería un exceso y podría revelar cierto enojo o resentimiento –finalmente, querías entrar, alejandro.

pero no. en el fondo simplemente pienso que una camiseta de buen algodón y bien cortada, con algún estampado discreto pero inteligente, es mucho más elegante –en el más profundo sentido loosiano– que un saco mal cortado que te presten a la entrada de un club privado y que a donde piensen lo contrario no quiero entrar. también pienso que un traje de buena tela y ajuste perfecto a la medida no está mal, como no está mal viajar en carroza, hacer caravanas con sombrero propio u honrar a la monarquía. no está mal, sólo un tanto fuera de tiempo. curiosidades nostálgicas del pasado, pues.

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29/10/2012 at 20:22

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ecología política : sin consenso

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ya había escrito aquí, al hablar de la ilusión del acuerdode éste y del consenso no como condiciones de la política sino, al contrario, como resultados posibles pero no necesarios y ni siquiera probables. aun más, tal vez sea la ausencia de acuerdo y consenso lo que está en el origen de la política.

habría una visión aun más pragmática –y tal vez por eso más realista– del consenso o de su ausencia. en su libro cosmopolíticaisabelle stengers escribe que la ecología “no entiende de consensos sino, a lo mucho, de simbiosis, en las cuales cada protagonista está interesado en el éxito del otro por sus propias razones. el «acuerdo simbólico» es un evento, la producción de lo nuevo, de modos inmanentes de existencia y no el reconocimiento de un interés más poderoso ante el cual intereses particulares divergentes deban someterse.”

¿habría que dejar de buscar un consenso imposible y dedicarse a construir relaciones simbióticas, claramente oportunistas, que no se sometan a un interés único y, por tanto, ideal y donde cada uno saque la mejor rebanada posible del pastel?

Written by ahgalvez

03/10/2012 at 20:49

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corrupción generalizada

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no falta quien responda cuando se habla de méxico como un país con demasiada corrupción, que corrupción hay en todas partes, y seguramente es cierto. la diferencia, me parece, es la estrategia que se ha tomado aquí para combatirla, aunque el resultado es, evidentemente, el contrario. la mejor manera de eliminar la corrupción que se ha encontrado en méxico es generalizarla, hacerla algo tan común que ya no sorprenda.

ahí están por ejemplo dos casos que tienen que ver con conducir un auto. durante mucho tiempo era sabido que, si se cometía alguna infracción al reglamento y se tenía la mala suerte de ser detenido por un  agente de tránsito, tarde o temprano se llegaría a un acuerdo para darle una cantidad de dinero menor al de la multa al agente con tal de que, previa advertencia de que no volviéramos a hacerlo y que se trataba de un favor excepcional, nos dejara partir sin ninguna multa. la solución no fue limpiar a la policía de tránsito sino limitar la capacidad de multar a agentes autorizados para ello, lo que, para fines prácticos, equivalió a cancelar las multas. eso no terminó con la corrupción: la generalizó, pues corrupción no es sólo la discreta transacción económica que evita la multa, sino también la perversión de un sistema. un sistema donde las reglas mínimas que garantizan su funcionamiento no operan es un sistema corrupto. y las constantes violaciones a las reglas de vialidad en la ciudad de méxico, por ejemplo, son evidencia de que el sistema entero que debiera regular la manera como nos conducimos y conducimos en la calle está totalmente corrompido, al grado que muchas veces quien viola alguna de esas reglas, en vez de apenarse cuando algún otro conductor le reclama su conducta, se ofende e incluso revira con insultos.

las licencias de conducir son el otro ejemplo. antes, muy pocos pasaban los amañados exámenes de manejo y el soborno era la única manera de conseguir un permiso para manejar. la solución fue el pase automático. con pagar cualquiera obtiene una licencia aun sin demostrar que conozca las normas mínimas para conducir de manera civilizada y segura, reglas que luego violará repetidamente sin jamás ser sancionado por ello. de nuevo, corrupción generalizada.

piensen en las licencias de construcción: mismo caso. para acabar con coyotes y gestores, se facilitan los trámites para obtener un permiso para construir una obra al punto que no hay garantía de que cumpla con los requerimientos de seguridad y habitabilidad mínimos. corrupción generalizada.

la estrategia nacional de cara a la corrupción parece ser, por tanto, si no puedes contra ella, expándela, hazla tan común que no se distinga ya como una excepción, una violación a las reglas, sino como la norma misma. convierte a la corrupción en la moneda de cambio que garantice la fluidez de cualquier transacción, no sólo económica sino también política, social o cultural. es una estrategia de camuflaje que asume que en el bosque seremos incapaces de ver al árbol y menos la plaga que lo asuela. y es una estrategia que, por comodidad y cinismo, han adoptado gobiernos de todas las tendencias y filiaciones, pero que también, por las mismas razones, hemos seguido todos, cómplices activos de esa corrupción generalizada.

Written by ahgalvez

30/09/2012 at 20:27

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