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el lado b de mi otro blog

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firmar o no firmar

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imaginen un cruce de calles donde los automovilistas se pasan el alto constantemente arriesgando a los peatones que lo atraviesan —algo fácil de imaginar en la ciudad de méxico. imaginen un grupo de vecinos automovilistas de la zona que proponen un acuerdo: ninguno se pasará ese alto. e imaginen que algunos dijeran: de acuerdo, pero hay excepciones: si al pasarnos el alto ayudamos a que la circulación vaya más rápido y lo hacemos con cuidado… ahora imaginen que en ese crucero no hay ni semáforo ni paso peatonal pintado ni ningún tipo de señal —de nuevo, cosa común en la ciudad de méxico. y un grupo de vecinos que dijera: pidamos que pongan un semáforo para los autos, otro para los peatones y que pinten el paso peatonal, pero en lo que lo hacen, actuemos como si ya estuvieran y respetemos el alto en la esquina. ahora imaginen a otro grupo de automovilistas que dijera: no, eso no está bien: si no hay semáforo no hay semáforo y cada quién puede decidir si se pasa o no; además lo hacemos siempre con precaución y con el único objetivo de beneficiar al prójimo acelerando el tránsito; nosotros somos expertos conductores y sabemos qué le conviene a todos.

ya se: mi analogía cojea por muchos lados en relación a la obra pública, las asignaciones directas y la manera de actuar al respecto de muchos arquitectos. pero ayuda.

hace tres semanas publiqué en el blog de proyecto público un texto titulado el otro lado de la democracia. básicamente retomaba una propuesta de mario ballesteros que víctor alcérreca había hecho suya: si los arquitectos nos quejamos de la manera como se planean y asignan los proyectos de obra pública y luego del modo como se construyen, hay, por supuesto —como ya se está haciendo— que buscar que las leyes al respecto cambien, que sean claras y que favorezcan procesos transparentes y la óptima rendición de cuentas. en lo que eso pasa, sugerían víctor y mario, ¿por qué no comenzamos por firmar un manifiesto donde nítidamente cada uno de nosotros se comprometa a no ser parte de proyectos públicos que no nazcan de buenas prácticas democráticas?

pareciera que la propuesta es clara: no aceptar tomar parte de proyectos de obra pública que no hayan sido planeados, gestionados y asignados mediante buenas prácticas democráticas. como la propuesta no tuvo mucho eco al principio en tuiter ni al escribir aquél texto, supuse que la causa era la dificultad de manifestar el compromiso con una simple firma. así, abrí una petición en change.orgmás que una petición —en principio no se le entregaría realmente a ningún funcionario— era lo que dice: un compromiso que se pudo haber redactado de manera sucinta diciendo: yo —y ahí la firma— me comprometo a no ser parte de proyectos de obra pública, arquitectónica o urbanística, que no nazca de buenas prácticas democráticas. claro, surge la duda de cuáles son las buenas prácticas democráticas. a mi parecer, aquellas en las que no hay dudas sobre la transparencia de las decisiones ni conflictos de interés y que se ajustan a una estricta rendición de cuentas. ¿es así?

en otro texto publicado en el blog de proyecto público con el título porque sícité un par de ensayos de norberto bobbio. en el primero, democracia y secreto, bobbio dice que “la democracia es idealmente el gobierno de un poder visible, es decir, el gobierno cuyos actos se realizan ante el público y bajo la supervisión de la opinión pública.” luego explica que contra ese principio se ejerce un poder invisible. desde afuera pero también desde dentro del gobierno, cuando se toman decisiones que benefician a particulares de manera ilícita y se mantiene la opacidad en el ejercicio del poder —lo que es, según bobbio, una negación de la democracia. en el otro ensayo, bobbio cita a kant afirmando que la injusticia de aquellas acciones que para lograrse deben mantenerse en secreto. ahí también cita a francesco guicciardini, historiador y político del siglo XV: “es increíble cuánto le beneficia a aquel que administra el que las cosas permanezcan en secreto.”

bajo esa idea, acaso simple, de buena práctica democrática, asumo que de cualquier proyecto público —de una banqueta a un aeropuerto, por ejemplo— un funcionario del gobierno debe tener la capacidad y, además, la obligación de explicar, clara y objetivamente, por qué se hizo de tal o cual manera y por qué se escogió y bajo qué criterios o procedimientos a tal o cual especialista —arquitecto, diseñador, urbanista— para realizarlo, además de poder explicar todas las decisiones técnicas que garantizan que ese proyecto es el mejor posible, en términos de eficiencia, economía, pertinencia y utilidad. si le preguntamos al presidente municipal o al delegado por qué ese proyecto hecho por tal arquitecto y de aquella manera, debe ser capaz de explicarlo con claridad y datos técnicos —y quien piense que no hay datos técnicos para explicar por qué un proyecto se hace de una manera y por cierta persona o tiene un concepto muy reducido de lo técnica o uno muy vago del proyecto.. o ambos.

¿cuántos han firmado la petición? hasta ahora 435 personas, incluyendo algunos arquitectos reconocidos. faltan más, por supuesto y faltan muchos nombres de arquitectos que sabemos han hecho o hacen ahora mismo proyectos para el gobierno. ¿por qué?

entre los comentarios que me han hecho al respecto me dicen que “esa no es la manera”, que es “demasiado radical”, que “así se divide al gremio” —curiosa idea de un par de docenas de arquitectos: pensar que se divide al gremio pidiendo que el gremio tome una actitud de bloque— y que para qué firmar si, al aceptar una comisión directa de un funcionario público, actualmente, no se viola ninguna ley —a lo que he tenido, para mi sorpresa, que responder explicando cómo una licitación arreglada, en la que se pide a un par de amigos presupuestos más altos al propio, cual se arreglan la mayor parte de estas asignaciones, es, técnicamente, un fraude. también hay quienes no firman por estar trabajando actualmente para el gobierno.

pese a la honestidad de la última postura, sorprende la tácita aceptación de la ausencia de buenas prácticas democráticas en ese tipo de encargos pues, si se tuviera la convicción de que, más allá de los vericuetos para aparentar legalidad, hay claridad, transparencia y no se incurre en ningún conflicto de interés, ¿por qué no firmar?

si suponemos que, por ejemplo, pretender arreglar en cenas privadas el posible futuro de la vivienda social, gracias a la colaboración entre funcionarios del gobierno, arquitectos y desarrolladores inmobiliarios, es un ejercicio de la máxima pulcritud democrática, transparente y sin visos de ningún tipo de conflicto de intereses, ¿por qué no firmar? —¿y por qué no hacer públicos los procesos mediante los cuáles se toman ciertas decisiones? ¿por qué, en fin, privilegiar el secreto, que tanto beneficia a quien administra?

se que en muchos esta actitud nace de una creíble buena fe: la confianza en que uno sabe y puede aportar lo que hace falta para que la sociedad, en ciertos aspectos, mejore. pero también hay buena fe del lado de quienes hemos firmado el compromiso de no aceptar proyectos de obra pública que no surjan de prácticas y métodos democráticos y pensaría que la primera “buena fe” se confunde con algo de ingenuidad —como si no supiéramos que esos métodos y el secreto que implican perjudican más de lo que benefician— y otro tanto de soberbia. muchos de quienes reciben estos encargos suponen que han sido llamados por sus probados méritos pero, curiosamente, renuncian a probarlos de otra manera —un concurso, digamos—, más allá de la envidiable habilidad para socializar con el funcionario en turno.

tampoco creo que no firmar sea resultado de una actitud pragmática: eso no es pragmatismo, o al menos no uno que suscribirían ni james ni rorty: uno que dialoga y discute la cosa pública… en público.

¿firmar o no firmar? como hasta ahora, cada uno decide. me sorprende —me molesta, incluso— la política del silencio que envuelve la decisión de no hacerlo. ¿por qué, si no se firma, no hacer públicos los motivos, no invitar a la discusión? ¿por qué no pedirle a tal o cual funcionario que explique, claramente y sin rodeos, por qué y cómo ha decidido contratar a tal o cual arquitecto, con qué mecanismos, con qué reglas, con qué beneficios para todos y cada uno?

¿firmar o no firmar? yo —que parece soy como un fundamentalista de la arquitectura— diría: firmar y, si no, de menos explicar por qué no hacerlo (el blog de proyecto público está abierto para dialogar y debatir)

termino con algunas líneas de un texto que publicó hoy jesús silva herzog márquez en el periódico reformael camino del cínico: 

El camino del cínico corroe, en efecto, la política. El cínico afirma que no depende de nadie. (…) El cinismo es la indiferencia radical al juicio de los otros. (…) El ideal es actuar públicamente sin el estorbo del honor. Hacer lo condenable sin remordimiento alguno; hacerlo pública y reiteradamente, sin asomo de rubor.

Vivimos ahí, en el paraíso de los cínicos. Lo que piensen de nosotros nos tiene absolutamente sin cuidado, nos dice, de muchas maneras, la clase política que actúa, en esto, con una sola voluntad de burla. Sus recatos no son los nuestros, nos dicen al encubrirse. Los actores políticos se sorprenden de la indignación que provocan pero están seguros de que el enfado es un reflejo pasajero que se desvanecerá muy pronto. Protegidos por las reglas, seguros por un régimen que los consiente, cobijados por una prensa que cuestiona poco, creen que es innecesaria, incluso, la apariencia de decoro.

(…)Nuestra política sigue el camino del cínico. Se ha desprendido de cualquier ambición de respetabilidad. (…) Como si el juicio colectivo fuera irrelevante, como si la indignación careciera de efectos. Como si el prestigio fuera un adorno inservible. Buscar la restauración de la confianza en este contexto es simplemente absurdo.

evitemos el camino del cínico…

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Written by ahgalvez

23/02/2015 at 22:50

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sólo cuatro

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sólo por apuntar algo del informe de peña nieto, léase lo siguiente, tomado de la página de la presidencia:

Revertir el abandono e incidir positivamente en la plusvalía habitacional, por medio de intervenciones para rehabilitar el entorno y mejorar la calidad de vida en desarrollos y unidades habitacionales que así lo necesiten.

A fin de revalorar el patrimonio de los trabajadores y revertir el proceso de abandono de vivienda, el INFONAVIT en coordinación con los gobiernos locales, en agosto puso en marcha el Programa Mejorando la Unidad que apoya el mantenimiento de las principales unidades habitacionales del Distrito Federal, lo que representa el inicio de las acciones para transformar el rostro y la imagen urbana de diversas comunidades a nivel nacional.

Para el cumplimiento del Compromiso Presidencial “Establecer un programa de apoyo al mantenimiento de las principales unidades habitacionales en el Distrito Federal”, se desarrollaron las siguientes acciones:

Entre enero y julio de 2013 se realizó un análisis de programas de desarrollo urbano, en el que se incluyeron los programas Hábitat y Rescate de Espacios Públicos. En este periodo se realizaron cuatro de los 16 proyectos ejecutivos que comprenden el programa piloto.

anoto: se busca revertir el abandono y aumentar la plusvalía de la vivienda de los trabajadores del país, para lo que se puso en marcha el programa mejorando la unidad en las principales unidades habitacionales del distrito federal —dicho de otro modo: para mejorar la vivienda de los trabajadores del país se seleccionan las principales unidades habitacionales del distrito federal. ¿quién y cómo decidió cuáles eran las principales? ¿son las que estaban en peores condiciones y necesitaban de atención urgente? ¿por qué sólo del distrito federal?

pero sigue: hay un programa piloto que comprende 16 proyectos. es decir: de todas las unidades habitacionales deterioradas de trabajadores del país se pasó a las principales del distrito federal y se hizo un programa piloto con 16 proyectos. ¿son esos 16 las principales unidades del país, digo: del distrito federal? ¿es uno por cada delegación o le restaron el día de mi cumpleaños al número que estaban pensando? ¿por qué no uno por cada estado —ya que ni de chiste sería uno por cada municipio?

ah, pero no es todo: se realizaron cuatro de los proyectos ejecutivos. ¿cuatro? ¿pasamos de la vivienda de los trabajadores del país a cuatro proyectos? y para quienes no están familiarizados con el lenguaje de los arquitectos: cuatro proyectos ejecutivos. es decir: los planos necesarios para construir la obra, pero no la obra en sí —además, por lo que yo se, lo que hasta ahora se tiene son cuatro anteproyectos conceptuales: dibujos de ideas (y no se si buenas, viables, plausibles). pero, bueno, supongamos que fueran cuatro —¡4!— proyectos ejecutivos de un plan piloto para mejorar la vivienda de los trabajadores del país.

si para muestra basta un botón, no quiero pensar qué nos diría un análisis minucioso del primer informe del gobierno de peña. pero sería bueno preguntarnos qué piensan los responsables del plan piloto —reducido a cuatro: uno, dos, tres, cuatro proyectos— y qué piensan los arquitectos o grupos de arquitectos a cargo de los 4 —o de los 16— proyectos ejecutivos del plan piloto para mejorar la vivienda de los trabajadores del país. a mi juicio una de dos: o los arquitectos seguimos pensándonos salvadores del mundo —¡arquitectura o revolución! pero claro, sin los tamaños del autor de dicha frase— o ya de plano nos asumimos como figuras decorativas que poco pueden ofrecerle a la sociedad, cuando mucho cuatro —sí: 4— proyectos ejecutivos de un plan piloto de 16 propuestas en el distrito federal para mejorar la vivienda de los trabajadores en el país. así sea.

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03/09/2013 at 20:12

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el arte de la prueba

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en la reciente y en varios aspectos decepcionante sesión del tribunal electoral que decidió la validez de las elecciones de julio pasado, uno de los ministros hizo una cita, con tono recitativo de brindis en honor de la quinceañera, algo sobre el arte de la prueba. ahora ya no recuerdo ni lo que dijo ni el autor –creo era bentham– pero la frase se me quedó grabada: el arte de la prueba. ya había tuiteado algo sobre el estatuto de la pruebapero me gustó más, para intentar revivir este lado b de mi otro blog, el título que me ofrecía la cita del ministro: el arte de la prueba. será porque mi interés por la condición o estatuto de la prueba o, más bien, de lo que hace o constituye una prueba, tiene que ver –gajes del oficio– más con temas de representación que con precisiones judiciales –aunque en el fondo no pienso que estén tan separados ambos asuntos.

como muchos que votamos por el segundo lugar, creo en el nada claro ni legal uso de medios –económicos o de información– por parte del equipo de peña nieto. es más: lo vi y lo viví. horas de propaganda disfrazada de información imparcial en la televisión o el radio; la insistencia de los comentaristas en encuestas que no parecían reflejar mi realidad y que al final comprobamos se alejaron del resultado real de las elecciones; notas, fotografías y videos en la red que mostraban cómo el pri transformó la campaña en trueque de baratijas por votos. pero toda eso debía ser procesado y representado de un modo específico para constituir una prueba en el ámbito legal.

recordé lo que había leído en un libro de john tagg sobre la fotografía y sus historias, el peso de la representacióncon declarada influencia de foucault –pensemos en la verdad y las formas jurídicas, tagg explica la manera como la fotografía –inventada casi al mismo tiempo en que la investigación policial busca una objetividad científica en sus procedimientos– fue consolidándose como una prueba válida en los tribunales. tagg cita un manual sobre pruebas fotográficas, escrito en 1967 por s.g.ehrlich, miembro de la sociedad americana de científicos e ingenieros fotográficos, titulado photographic evidence: the preparation and use of photography in civil and criminal cases. ehrlich sugiere –tan tardíamente como 1967– que los fotógrafos forenses y criminales “deben esforzarse por conseguir más la precisión que el efecto” y añade que “del hecho de usar fotografías aparentemente realizadas con criterios profesionales se derivan ventajas procesales” –y subrayo: aparentemente.

también recordé otro libro, éste sobre representación en la ciencia, de lorraine daston y peter galison, objectivity. daston y galison estudian el surgimiento de la objetividad como criterio científico a partir del paso de las representaciones gráficas hechas a mano –dibujos, acuarelas o grabados– y aquellas que se basan en mecanismos como la cámara fotográfica o instrumentos de medición. explican que antes de la objetividad la ciencia perseguía más bien el realismo –como el arte– que se construía como una media ideal a partir de cientos de observaciones. las flores que vemos en los tratados de lineo, por ejemplo, no son reales sino la construcción de un ideal a partir de muchos especímenes estudiados. la fotografía cambió el modo de ver o, más bien, de representar la verdad: en vez de un realismo genérico se privilegió la objetividad de lo particular.

por supuesto ambas lecturas de la objetividad deben algo a la idea de que nuestra idea de lo verdadero es eso, una idea. lo cual no implica –necesariamente– que la verdad no exista, sino que para probarla, para demostrarla, hay que seguir procedimientos y cumplir protocolos precisos. ¿cómo se logra que un puerco, un pato y una cabra sean pruebas de una campaña electoral ilegal? ¿cómo se demuestra no sólo el ofrecimiento de ciertos beneficios a cambio del voto sino que el voto estuvo efectivamente condicionado por los mismos? ¿o cómo se prueba que lo dicho por un comentarista en la televisión o lo publicado en una encuesta no son simples opiniones o graves errores sino parte de una campaña orquestada, peor: de una conspiración?

la gran decepción de lo que pasó en la sesión final del tribunal electoral tiene que ver en buena parte con la incapacidad de los abogados de lópez obrador para ejercer convincentemente el arte de la prueba. según parece por lo dicho por los magistrados ningún argumento fue válido, ninguno aportó el menor indicio para dudar razonablemente ya no de las elecciones sino de lo que pasó antes, durante las campañas. eso, a mi, me parece poco creíble y me parece una demostración de que los magistrados no cumplieron cabalmente con su responsabilidad –que en un preciso texto describió jesús silva herzog márquez.

toda esa historia –triste, digo yo– me hizo recordar lo que alguna vez explicó andreas schleicher, director del programa de evaluación de estudiantes (pisa) de la ocde, sobre los resultados obtenidos por méxico. los resultados bajos, dijo, implican un bajo desarrollo del conocimiento científico y la tendencia a confundir ideologías, creencias e ideas. será legal entonces y, si quieren, hasta legítima, pero el proceso para calificar a la elección no dejó de ser confuso y aunque sin duda la responsabilidad de probar era de quien acusó, la decisión de los jueces mantuvo las cosas casi prácticamente igual que como estaban antes: como asunto de fe o de confianza, no de conocimiento objetivo. un problema, tal vez, de educación.

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02/09/2012 at 10:00

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algunas notas sobre los 132

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no he leído todo pero si un poco de todo sobre el 132. desde furibundos inquisidores que acusan confabulaciones de la más extrema izquierda, hasta quienes lo ven como parteaguas en la historia reciente de méxico. no comparto ninguna de esas visiones pero me inclino más por pensar al 132 como un acontecimiento positivo. he ido a un par de las marchas que han organizado –la que empezó como concentración en la estela de luz y la que fue del zócalo al ángel y reunió a más de 90 mil personas– en tanto observador que simpatiza con algunas de sus ideas. he visto cómo se suman en el camino grupos que a en otras circunstancias serían incompatibles. no sólo a los del poli gritando goyas a los de la unam que responden con huelums, sino a ambos grupos proclamando su apoyo a la ibero, a rancios sindicalistas que muchos abuchean cuando les estorban su camino habitual y a señores y señoras cuarentones paraa los que el entusiasmo juvenil de los sesentas era una anécdota de hermanos mayores o películas y documentales. los he oído repetir consignas que tal vez envejecieron hace más de 40 años, desde la parisina exigencia de lo imposible hasta los cánticos a un che más de santoral de la izquierda que de libro de historia. aquí algunas notas sobre los 132.

apolíticos. así se declararon en un principio. declaración ambigua y en el fondo equivocada pero que se entiende como consecuencia del creciente rechazo a los poíticos, como los llama gabriel quadri. hemos oído a muchos políticos decir de algún asunto, especialmente si resulta complicado, que sería mejor que no se politizara. del mismo 132 se dijo lo mismo: “esperemos que no se politice.” cuando, finalmente, el problema es precisamente el contrario: se tratan temas políticos como si fueran meramente asuntos sociales, económicos, de seguridad o de salud, entre otros. sin embargo, uno de los problemas del 132 es que, aceptando ya su condición política, no saben bien de qué tipo de política estamos hablando. se entiende. las nuevas técnicas de comunicación acelerada alteran nuestras nociones de la política y lo político –como lo hicieron otras técnicas tan diversas como la plaza pública transformada en ágora o el radio y la televisión como medios de información y propaganda. tales nuevas técnicas hacen posible al tiempo que exigen otras formas de organización para el movimiento de los 132. es más, habría que cuestionarse su condición como organización política.

hace poco alvaro enrigue comentaba en un tuit que el 132 parece más un fenómeno meteorológico que una organización política. es cierto y es más que una metáfora. como una nube, su acción depende de varios factores que la condicionan: la densidad que alcance y la presión del medio exterior, por ejemplo. no hay un orden jerárquico: no hay una gota que grite a la carga y a la que todas sigan precipitándose. es algo más complejo. por supuesto las metáforas seudocientíficas de organizaciones complejas y procesos emergentes llegan hasta un punto. las gotas no tienen retroalimentación constante de lo que piensa cada una de ellas. sólo les importan sus vecinas. el ágora es también como una nube con la diferencia que los participantes tienen mayor movilidad y pueden intercambiar información más compleja. algo que, se ha dicho, la democracia representativa canceló o de menos complicó –si hubiera que continuar con la metáfora habría que decir que ésta oscila entre el líquido y el hielo, más que comportarse como nube. los nuevos medios abren la posibilidad –y por supuesto esa apertura no garantiza que se cumpla– de distintas formas de organización. formas que implican una política acelerada que si bien puede hacernos llegar más rápido, también puede descarrilarse con mayor facilidad. la indecisión entre consultas en tiempo real vía tuiter o asambleas de representantes a puerta cerrada muestran la dificultad que tienen para encontrar qué prácticas políticas les sirven para darse forma.

apartidistas. muchos no creen que los 132 sean apartidistas. si rechazan a un candidato casi unánimemente y apoyan a otro mayoritariamente su pertenencia a un partido es evidente, piensan algunos. falso. muchos votamos en el 2000 por fox para sacar al pri de los pinos y no por comulgar con la ideología panista. a pesar de lo que algunos piensan y de los intentos –al parecer algunos si malintencionados– por demostrar ligas y complots, la toma del movimiento por organizaciones y partidos de izquierda. no me parece una hipótesis creíble, por lo mismo anotado más arriba: no se trata de un movimiento sino del posible germen de varios que se unifican momentánea y provisionalmente y –para volver a la metáfora meteorológica– tanto por causas internas como por presiones externas. que los 132 tomen partido no quiere decir, necesariamente, que un partido los tome a ellos. los 132 no tienen una ideología, tienen muchas.

antipeña. en el principio fueron los reclamos a peña y los gritos ¡fuera, fuera, fuera! luego vino la reacción lenta o clara tergiversación de parte de algunos medios. eso macó los dos objetivos primordiales de los 132. después hubo deslindes. algunos prefirieron definirse como neutrales en relación a los candidatos a la presidencia, asumiendo al igual que algunos hacia afuera, supongo, que la negación a una candidatura implicaba necesariamente la afirmación de otra: estar contra peña era estar con lópez obrador. también es falso. existe también la negación pura, sin contraparte afirmativa. por supuesto, siendo estratégicos y pragmáticos, si un objetivo es evitar el regreso del pri al gobierno federal, la manera más efectiva de lograrlo es apoyando a quien más posibilidades tenga de vencer a peña. las encuestas parecen cambiar continuamente pero, hasta ayer, el segundo lugar era lópez obrador y apoyarlo era simple consecuencia de la animadversión a peña.

¿por qué esa animadversión? como escribió ayer jesús silva herzog márquez, algo tiene que ver más con los fantasmas del pri que con el actual. tlatelolco o el jueves de corpus, las devaluaciones, nacionalizaciones y privatizaciones consecutivas, el autoritarismo del poder central, toda esa historia del pri no podría repetirse tan fácilmente pues hoy las condiciones son distintas. pero esa historia no es algo que los priistas  hayan –y discúlpese la resonancia católica– expiado. ninguno en el nuevo pri señala las faltas del viejo pri. peña se deslinda y respeta. el nuevo pri, por otro lado, no es tampoco un dechado de virtudes. de coahuila a veracruz, parece haber evidencias de mañas y prácticas muy desaseadas.

antitelevisa. si los medios hubieran informado de otro modo tras la visita de peña a la ibero tal vez ni siquiera estaríamos hablando del 132. hubo información editada, manipulada e incluso absolutamente falsa, como en el caso de la organización editorial mexicana – “peña triunfa en la ibero pese a intento orquestado de boicot”, se repitió en la primera plana de varios soles de la república. muchos se preguntan por qué todos apuntan a televisa e ignoran a azteca, a ciertos diarios o incluso a quienes informan inclinándose al otro lado, como la jornada o proceso. la pregunta es necia: hay que escoger bien al enemigo. televisa es más grande, más vieja y también, paradójicamente, más abierta a recibir esas críticas. su historia, como la del viejo pri, la hace blanco fácil –como las famosas frases del tigre declarándose soldado del pri o justificando hacer televisión jodida para un país de jodidos.

hay que entender además que televisa –y su clon degradado azteca– no sólo son responsables de apoyar a un candidato y tergiversar la información –una percepción generalizada más que un hecho probado documentalmente, es cierto. hay algo peor. son responsables, y en mayor grado, de cierta pobreza de la imaginación nacional –lo que ciertamente no abona a la democracia. ¿se soluciona eso democratizando los medios? depende qué se entienda por eso. por supuesto no tiene sentido pretender una intromisión ni del estado ni de organizaciones civiles en las decisiones de una empresa privada, como son las televisoras, las estaciones de radio o la prensa. pero una pluralidad de medios –lo que hasta ahora no se ha dado en gran parte por la oposición de quienes controlan la mayor parte de los medios hoy– que implique mayor competencia puede generar, de paso, mayor calidad. no es una idea ni revolucionaria ni particularmente de izquierda. basta comparar la televisión en estados unidos, donde hay gran competencia entre cadenas, con la mexicana, mala y repetitiva.

¿hace lo anterior de los 132 el movimiento que cambiará el curso de la política nacional? probablemente no. pero sí modificará la manera en que se entienda y organice un movimiento político, la relación de esos grupos con los políticos oficiales y el uso de la información y los medios en relación al poder, lo que no es poca cosa.

Written by ahgalvez

19/06/2012 at 16:50

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democracia e información

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dicen algunos al criticar a los 132, que no se puede pensar ese movimiento como análogo ni al 68 en méxico ni a la primavera árabe del año pasado. que hoy y aquí, aunque imperfecta y con vicios, hay una democracia que antes o allá no había.

y, en principio, parece cierto. incluso la vapuleada televisa, con su innegable sesgo informativo que omite o exagera a voluntad la realidad de la que pretende dar cuenta, es sin duda hoy más plural y abierta que hace doce o veinte años. y no por un cambio en su postura ética sino porque es un negocio y saben que hay más consumidores hoy para una televisión aparentemente crítica que para una que abierta o tácitamente es aliada de ciertos políticos.

a la hora de contar los votos también la realidad es hoy muy distinta: el fraude a posteriori se complica al ser más quienes participan como observadores. también el fraude durante la elección parece menos probable: del mismo modo hay muchos ojos, acompañados de cámaras y teléfonos, que pueden registrarlo todo.

pero hay otras perversiones de nuestra democracia que a algunos críticos y comentaristas no les parecen suficientes como para descalificarla toda. el tema de la información es uno de ellos. para muchos –entre ellos los 132– la información es un elemento indispensable de una elección razonada. lo anterior parece indudable, pero de ahí concluyen que el que sea razonada es indispensable para que la elección también sea democrática. y eso no resulta tan claro.

ya decía fernando pessoa –en un texto de un elitismo aristocrático y autoritario absolutamente antidemocrático– que “el voto popular no es una manifestación de opinión; es una expresión de sentimiento.” a renglón seguido pessoa afirma algo que hoy resulta políticamente incorrecto en grado extremo: “el obrero es íntimamente incompetente para discutir la cuestión social.” de algún modo los 132 comparten esa idea, con la diferencia que no piensan que la incompetencia íntima sea también innata, consustancial a cierta condición, sino efecto, sobre todo, de la desinformación. si alguien elige mal –lo que hoy quiere decir: si alguien vota por peña y el pri, o por el seudoecologísta o por el partido de la gordillo, o por seguir como estamos– es porque no está suficientemente informado. al votar se puede cometer un error como al intentar responder quién postuló el principio de incertidumbre en la mecánica cuántica. si uno responde que fue einstein es por ignorancia o –segunda opción– por mala fe. es mi muy grosera hipótesis de por qué alguien votaría por el pri: ignorancia o cinismo.

los defensores de la democracia saben que una regla básica es que ni se debe ni se puede distinguir entre el voto del bruto y el del sabio. en la urna la voz del docto cuenta tanto como la del menos instruido. la cadena que va de suponer que uno puede equivocarse al votar, que se equivoca porque ignora lo que debe saber, y que al estar informado se podrá saber bien por quién votar, es inadmisible para el auténtico demócrata. quien vota tras haber analizado cuidadosamente las propuestas de cada candidato no tendrá más peso que quien lo hace pensando que un candidato es más guapo que el resto.

aunque también podríamos pensar que quienes así la ven piensan en la elección como en el clímax democrático. ni el juego previo ni las caricias posteriores tienen el peso o el valor del momento orgásmico de seleccionar un nombre en una lista. y si el lector atento del kamasutra puede ser mejor amante, ¿el elector informado no puede ser un mejor votante? –y la idea de que hay electores mejores y peores, dependiendo de qué tan informados se encuentren, ¿realmente contradice el espíritu democrático? ¿no es uno de los ideales de la democracia moderna no sólo la elección universal sino el acceso universal a los medios que harán del voto algo más que la expresión de un sentimiento, cargándolo más hacia ser la manifestación de una opinión razonada y razonable? más aún cuando existe la sospecha, acaso no tan infundada, de que el estado de desinformación generalizada –por llamarle de alguna manera– es algo aprovechado activamente por aquellos que se resisten a cambios mayores en el sistema.

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01/06/2012 at 21:01

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la ilusión del acuerdo

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entre otras cosas, hay quienes reclaman a los 132 su incapacidad de pronunciarse por algo en vez de sólo contra alguien –peña nieto– o algo –televisa o el pri. quienes así lo hacen parecen desconocer tanto la emoción como el potencial del no. se les exige coherencia –¿cómo pueden estar contra peña y no admitir abiertamente que están a favor de alguien?– y se les invita a organizarse – ayer enrique krauze escribió sobre un partido de jóvenes. se les urge al consenso. pero el consenso –al menos imaginado como algo estable y de consecuencias permanentes– es, tal vez, algo menos común y, sobre todo, mucho menos político que su opuesto, el disenso.

peter sloterdijk abre su ensayo en el mismo barco contándonos “la catástrofe de babel” como “la escena originaria de la pérdida del consenso entre los hombres, el principio de la perversa pluralidad” –siempre me ha gustado cómo dante narra ese momento como la multiplicación de lenguajes no entre naciones sino entre profesiones: el arquitecto y el albañil ya no se entienden. la pluralidad es, también, y eso según hanna arendt, el principio, la causa de la política: si hubiera unidad y no otredad, la política no sería ni posible ni necesaria.

muchos han imaginado la política como un esfuerzo literalmente sobrehumano para volver a tiempos prebabélicos, como pura nostalgia del consenso perdido. pero otros han apuntado lo contrario: no a una inconfesable comunidad sino una pluralidad heterogénea y al mismo tiempo actuante. no la fusión –escribe maurice blanchot precisamente en la comunidad inconfesable– sino la serie. no el orden –impuesto desde arriba según michael hardt– sino la organización –que se da desde abajo. no el pueblo –que sólo es invencible unido, como explica paolo virno– sino la multitud –cuyo poder radica en la dispersión. no la democracia ni la política como consenso, en fin, sino como negociación del disenso –como quiere chantal mouffe.

toda política depende de una técnica. lo son el lenguaje y el ágora, los instrumentos de control social como los censos o los mapas y los medios que informan o presentan propaganda. hoy la técnica rebasa a la política, la acelera y la pone a prueba –véase el artículo de ricardo raphael. genera nuevas formas de socialización. sloterdijk le llama “individualismo postsocial” y lo presenta como “el consenso político de insocialbes apolíticos.” lo que hoy vemos –no sólo en méxico– tal vez tenga que ver con esos cambios que el mismo sloterdijk anuncia: “en lo político es la usencia de un imperio, en lo lógico se presenta como ausencia de fundamento y en lo antropológico como crisis de paternidad y del principio genealógico.”

el acuerdo que así se logre construir será una ilusión, como quizá lo han sido siempre, pero de una maleabilidad y fluidez que no conocíamos y para la que, a todas luces, los políticos aun no están preparados.

Written by ahgalvez

28/05/2012 at 08:16

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la emoción del no

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no soy panista. buena parte del núcleo duro de la ideología de ese partido choca con el no tan duro, creo, de la mía. pero en el hoy lejano año 2000 voté por fox o, más bien, como muchos, voté por el único que podía sacar al pri. y lo hizo. la noche del domingo de la elección, cuando zedillo confirmó el triunfo de fox, salí a la calle como miles de mexicanos. quizá no a festejar –nunca he sido demasiado expresivo, pero eso es algo cuyos motivos mi analista, si lo tuviera, debiera explicar– sino a estar ahí, afuera, entre los otros. o adentro. dentro de esa cofradía momentánea que se forma cuando muchos coinciden en algo, sea porque ganó su equipo, su candidato, o les gusta y mueve el ritmo que suena en ese momento. pero supongo que la emoción política es, para la mayoría, más cercana a la del baile que a la del fanático deportivo –por suerte. cuando la música para dejamos de bailar y cuando la campaña termina y el festejo del ganador –si era el que apoyábamos– acaba, volvemos a casa. la política no es la euforia constante del consenso sino, sobre todo, la administración inteligente del disenso.

en fin, vuelvo al 2000 y la emoción compartida de que nuestra negación generalizada, nuestro no al pri, hubiera triunfado. empezaba la transición. hoy sabemos que la transición nunca se dio del todo aunque, si aprovecho que hoy amanecí un tanto optimista, hay que reconocer que estamos, en asuntos de política, mejor que hace doce años y mucho mejor que hace veinticuatro.

hoy parece que de nuevo nos mueve y conmueve el no. sin la fuerza que tuvo en el 2000, hoy también hay una mayoría –si hacemos el truco estadístico de sumar los indecisos y los indiferentes– que rechazamos la vuelta del pri al poder federal. lo que no hay, en contraparte, es alguien que unifique el rechazo y lo transforme en aprobación –que es lo que finalmente cuenta en una elección, al menos cuando, como aquí, se ganan por mayoría simple y no hay segundas vueltas.

los partidarios de lópez obrador están convencidos de que él es esa opción que unificará el rechazo al pri y que, además, tiene una propuesta que supera por mucho la muy simple –pero efectiva– de fox: sacar al pri de los pinos. no lo se, pero confieso que hoy, como pintan las cosas, para mi también lópez obrador se ha vuelto la única opción. no es la izquierda que me convence, al contrario. pero parece que sólo el podría cerrarle el paso a peña y lo que su partido representa –lo que conviene a mi animadversión al pri, cuyo extremismo deberá también explicar mi inexistente analista. hoy, tras leer el texto de jorge javier romero, visión de túnely repensando en lo que antes ya escribí aquí sobre mi república de internety pese a mi ligero optimismo matutino, me acechan las dudas. con todo, mientras dure, seguiré disfrutando la emoción del no compartido, de la negación colectiva de algo que muchos no queremos. es parte, también, de la política.

Written by ahgalvez

25/05/2012 at 07:22

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